Qque sacar de las aguas los bloques de cemento”. Esta ha sido la respuesta en la televisión del adoctrinado, inmaduro y cínico gobernador de Gibraltar, Fabián Picardo, ante la manifestación pacífica por mar de nuestros pescadores el pasado domingo 18 de agosto, como consecuencia del daño sufrido tras arrojar el inglés en aguas españolas más de 200.000 kilos de cemento con pinchos de acero para arruinar la pesca de arrastre.
Ante este desastre causado a víctimas sin relación con el conflicto, y sólo les queda soportar enormes pérdidas, el gobernador traidor (pues fue parte firmante de un acuerdo con nuestros pescadores y lo incumple ahora sin aviso previo y por la espalda) no ha encontrado más inhumana reflexión para responder a la otra parte firmante del acuerdo que legalmente los une.
La reflexión hecha es la propia de un cobarde delincuente. El señor Margallo, a estas alturas, ha demostrado que no es capaz de gestionar el conflicto con contundencia, la misma contundencia demostrada por el inglés, pero con la razón a nuestro lado (no se trata de radicalidad por nuestra parte, sino de proporcionalidad que, en este caso, ha sido llevada a un total radicalismo).
Si fuera buen político, y buen gestor (que no es ni lo uno ni lo otro) se daría cuenta de que no es posible el diálogo con quien se niega a cumplir el Mandato de las Naciones Unidas de 1.946; sólo hay que exigir el cumplimiento del mismo. Y no hay otra forma de empezar que cerrando la Verja; pero no hasta que se hiele el infierno, sólo hasta que nos devuelvan lo que es nuestro. No es un capricho sobre el que pueda haber diálogo. Es una decisión tomada en Ginebra por reférendum.





