La peor crisis migratoria entre Marruecos y España, con la entrada masiva a Ceuta, ha dejado una profunda huella de dolor e incertidumbre en la frontera. Así lo narra Fátima Zohra Bouaziz en un reportaje especial para la Agencia de Noticias EFE.
Mientras el goteo de inmigrantes que regresan a Castillejos se ha mantenido en las últimas horas, decenas de familias se agolpan en el paso fronterizo con la esperanza de obtener noticias sobre el paradero de sus seres queridos.
Según las autoridades españolas, cerca de 60.000 personas cruzaron la frontera en apenas 24 horas, una situación que derivó en decenas de muertes, cerca de cien hasta los momentos según lo que ha podido confirmar El Faro.
El drama de los desaparecidos y la espera en la frontera
En las cercanías del paso a Ceuta, la estampa ha sido desoladora. Madres y padres marroquíes sentados o apoyados en las mallas metálicas, oteando el horizonte con la esperanza de distinguir a sus hijos regresando por el espigón del Tarajal.
Entre conversaciones nerviosas y llamadas telefónicas constantes, estas familias preguntan a cada joven que retorna si han visto a sus allegados. La desesperación es palpable en testimonios como el de una madre que, tras perder su vivienda en las inundaciones del pasado invierno, buscaba a su hijo de 21 años del que no sabía nada desde el jueves.
Tragedia confirmada: muertes y repatriaciones en el Tarajal
A pesar de la esperanza, las noticias que llegan desde Ceuta son en ocasiones trágicas.
Con la confirmación del fallecimiento de algunos de los que intentaron llegar a nado, las familias han dado inicio a los dolorosos trámites para la repatriación de los cadáveres y para darles sepultura en Marruecos.
El balance de víctimas es estremecedor, y mientras Marruecos no ha informado de rescates o heridos en su territorio, el sentimiento de desamparo crece entre quienes esperan por noticias, malas o buenas.
El "efecto llamada" y la realidad del retorno
Muchos de los jóvenes que se lanzaron al mar lo hicieron movidos por relatos de otros que lograron mejorar su situación en el extranjero.
Sin embargo, la realidad para muchos ha sido pasar noches a la intemperie antes de decidir emprender el camino de regreso voluntario.
Mientras el flujo de retornados se mantiene, las familias que aún esperan en la carretera costera confían en que una llamada telefónica rompa finalmente la incertidumbre que los mantiene en vilo desde que se inició esta emergencia humanitaria sin precedentes.







Me importa más la angustia de la gente de Ceuta, y la de España también. Lo siento. La angustia de quién viene a hacer daño, me importa un bledo.