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Amritsar y Jaipur

"Jaipur es una ciudad viva y no me refiero a sus habitantes, la envuelve un aire místico, casi irreal que invita al desapego y al autoconocimiento"

En la región del Punyab, al noroeste de Nueva Delhi y lindando con Pakistán, se encuentra la ciudad dorada de Amritsar. Para llegar hasta allí tendréis una buena toma de contacto con los trenes de India, no encontrareis comodidad pero si amabilidad y ganas de conectar. Eso si, mucho cuidado con no llevar billete, aquí los revisores te cobran, literalmente, con la mano abierta. El viaje es largo e incomodo pero el paisaje que os regala es hermoso.

En Amritsar te recibe el frío si llegas de noche, los días son calurosos pero soportables. Me gustó la ciudad, sus estrechas callejuelas me recordaron a nuestra, ya desaparecida, plaza de toros en Hadú, enrevesadas y llenas de gente, nudos de cableado eléctrico asomaban por las azoteas y algún mono descarado que se atrevía a andar entre ellos. Puede que incluso deis de frente con un elefante ceremonial escoltado por sacerdotes. Algunos de estos callejones desembocaban en un mercado improvisado que vendían sus artículos en una amalgama de olores y colores. Todo es posible en Amritsar, os sentiréis como Tintin en alguna de sus aventuras o en algún avispado personaje de Julio Verne.

Al sur de la ciudad y callejeando encontrareis Sri Harmandir Sahib, el templo dorado de la religión Sij. Os recomiendo encarecidamente su visita, a la entrada tendréis que dejar vuestro calzado y cubriros la cabeza con un pañuelo. La construcción consta de una gran plaza y en su centro encontráis el gran templo dorado rodeado de agua y unido a la plaza por su lado sur. Podéis daros un baño en sus aguas si venís preparado para ello, recorredlo despacio disfrutando de los detalles alrededor de la plaza. Después de ver el templo dorado la ciudad no tiene mucho mas que ofreceros salvo el innegable placer de vagabundear entre sus calles disfrutando de situaciones rocambolescas.

Lo bueno de pasarte toda la noche en el tren y llegar de madrugada a Jaipur es que puedes sorprender a la ciudad cuando aún no ha despertado y conocerla de forma intima, sin apenas testigos, con la bruma entre sus fantasmagóricas calles que augura un día caluroso. Aguantad hasta que el día despunte e id a ver amanecer frente al Jal Mahal, os aseguro que es un regalo para los sentidos descubrir los primeros rayos del astro rey a orillas del lago que bordea el palacio del agua, la bruma bordeando el agua y desapareciendo por la orilla, las garzas, que anidan en las almenas, volando en busca del desayuno y el silencio como ruido de fondo.

Repetid la experiencia al atardecer, perderéis la ventaja del silencio y la soledad pero descubriréis que al palacio del lago le bañan otros colores que no descubristeis al amanecer y encontrareis detalles que antes no pudisteis ver como algunas ventanas, escaleras y puertas a ras del agua.

Dirigíos al sur hacia El Hawa Mahal, el palacio de los vientos, en forma de muro con infinidad de ventanas de diferentes formas donde, siglos atrás, las mujeres de la realeza veían el día a día de la ciudad sin ser vistas. Solo la carretera que la atraviesa y el ruido del trafico le quita un poco de encanto al palacio pero aun así merece la pena hacer una parada y disfrutar de su rica arquitectura.

El templo de los monos o el fuerte de los mismos, no estoy seguro. Para seros sincero tampoco sé donde se sitúa exactamente, un pícaro conductor de tuk tuk me llevó allí a cambio de unas rupias, lo único que sé es que domina la ciudad de Jaipur y está poblada por monos sinvergüenzas que no dudaran en robaros todo lo que puedan en cuanto os distraigáis. Tened mucho cuidado, una mordedura o un arañazo de uno de ellos y la visita siguiente será al hospital. Lo cito porque, aunque no es muy conocido, es un imperdible de Jaipur para mi porque tiene unas inigualables vistas de la ciudad. Contratad un tuk tuk y pedidles que os lleve al fuerte de los monos, seguro que saben a qué os estáis refiriendo y os lleva.

Jaipur es una ciudad viva y no me refiero a sus habitantes, la envuelve un aire místico, casi irreal que invita al desapego y al autoconocimiento. Es difícil de explicar e incluso de creer si no lo vives pero la ciudad crea momentos y situaciones que inexorablemente cambiara vuestra perspectiva sobre las cosas cotidianas que os rodean. Personalmente en Jaipur quedó una amarga parte de mi, absorbió una pesada carga que yo no quería soltar, no aceptaba el fracaso, no recordaba que viviendo se gana siempre, aunque pierda personas, sentimientos y emociones por el camino.

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