Álvaro García Jiménez, capitán enfermero de la Legión destinado en el Tercio Duque de Alba II de la Legión de Ceuta y fallecido en el trágico accidente ferroviario de Adamuz es recordado por sus compañeros como la alegría personificada.
Desde la tragedia, la lluvia no ha cesado, como si las lágrimas de todos los fallecidos cayeran desde el cielo con fuerza.
También ha ocurrido así en Ceuta, donde pocos recuerdan un invierno tan mojado, tan frío.
Homenajear su vida
Tras dos días de tregua, la lluvia ha vuelto a acompañar en el camino hacia el acuartelamiento García Aldave, lugar en el que los compañeros de Álvaro esperaban a este medio para recordarlo y homenajear su vida, sus enseñanzas, su legado.
Eran las 10:00 horas, el sol no asomaba y el día no sonreía. El agua inundaba el patio del acuartelamiento y caía en forma de cascada sobre el acceso que permitía la entrada hasta el lugar de trabajo del capitán enfermero legionario Álvaro García Jiménez.

Todo parecía estar igual
Todo parecía estar igual. Su escritorio, su agenda, la insignia nacional en la que se puede leer “Baghdad-Iraq capitán G. Jiménez” tras su asiento, recuerdo de su reciente misión en el país, los carteles que él mismo colgó un día sobre la pared de su despacho, su ordenador…. Solo faltaba él.
La habitación que un día fue llenada de alegría por Álvaro, según cuentan sus propios compañeros, la capitán María del Pilar Cadenas Alonso; el cabo 1º Jalid Ali Amar; y el cabo Adrián Bou Espinosa; ahora se muestra fría y brota tristeza, donde antaño se dibujaban sonrisas, ahora se guarda un silencio cargado de dolor.
Daba vida y perdió la suya
Sus compañeros, con miradas de añoranza y palabras cargadas de afecto, han hecho un esfuerzo por sacar las fuerzas necesarias que han permitido brindar un homenaje a Álvaro en forma de recuerdos a los que se le ha dado vida y un recorrido por la singular personalidad del enfermero legionario fallecido con tan solo 32 años.
La capitán María del Pilar Cadenas Alonso ha tomado las riendas del comienzo, entre la dificultad que conlleva naufragar entre los recuerdos de un compañero que daba vida y terminó perdiendo la suya.

“Álvaro se bebía la vida”
“La personalidad de Álvaro era muy risueña, alegre, empatizaba con todos y generaba muy buen ambiente. Le gustaban mucho las experiencias, amaba el deporte y, sobre todo, lo que más recuerdo de él son las ganas que tenía de viajar, de disfrutar y, como he dicho otras veces, para mí Álvaro se bebía la vida”.
Cuenta Cadenas Alonso que Álvaro fue quien la arropó en su llegada, convirtiéndose en un referente del que aprendió sus labores en la Legión.
“Líder y amigo”
El cabo Adrián Bou Espinosa, compañero en las filas y amigo fuera del terreno de trabajo, coincide con la capitán, destacando también su humildad, su sencillez, sus ganas de vivir, su alegría, considerándolo “líder y amigo”.
“Era una persona divertida, sabía alegrar a su equipo”, comentaba Jalid Ali Amar, cabo 1º, compañero del legionario fallecido en Adamuz.
“Cayó de pie en la Legión, independientemente de que fuera enfermero y perteneciera a otro cuerpo, él se sentía un legionario más, y nos lo hacía ver cada día, y la verdad que ha liderado este grupo, y lo seguirá liderando desde el cielo”, relata Jalid.
Enseñanzas
A lo largo de su servicio en el acuartelamiento García Aldave dejó enseñanzas en sus compañeros que traspasan lo material. Su filosofía de vida en sí ya era un aprendizaje para quienes lo rodeaban.
Álvaro, según cuenta María del Pilar, la enseñaba a “valorar el presente, cuidar lo que se tiene, disfrutar de la vida y el momento”, premisas que la capitana considera el legado que el joven de 32 años dejó en la Unidad.
Resolutivo, compañero
Acorde a lo relatado por Jalid, Álvaro fue un capitán que resolvía problemas, que apoyaba en los momentos más crudos, un ser resolutivo “en cuestiones que se presentaban en el botiquín en el día a día y así lo recordaremos”.
Otra enseñanza que el cabo 1º tiene muy presente es el desparpajo con el que el capitán Álvaro “manejaba el liderazgo de su botiquín”. “Era muy joven para desempeñar sus funciones y lo hacía con total naturalidad, implicado en la vida del legionario”.
Ganas de vivir
Dice que Álvaro “no dejaba nada para mañana” y, aunque se esforzó por recuperar entre sus recuerdos un mal día del capitán: “No lo encuentro”, decía.
Por su parte, Adrián, amigo de Álvaro y compañero, reconoce que “la enseñanza que ha podido dejar por desgracia este suceso ha sido que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, o sea las ganas de vivir”.

El mañana puede no llegar
“No pienses: ‘mañana lo haré’, porque el mañana puede que nunca llegue”, trasladaba Adrián sobre la enseñanza que le había dejado el ceutí fallecido. La filosofía de Álvaro en vida le brindó vivencias que este también se ha llevado al cielo, sirviendo de ejemplo para quienes compartían su rutina.
Recuerda de su compañero enfermero que ha dejado un legado de compañerismo, de representación de los valores de la Unidad, “estar siempre dispuesto y ayudar”.
Su día a día en el acuartelamiento García Aldave, sede del Tercio Duque de Alba II de la Legión, no se salía mucho de los estándares de un día más en la oficina, pero el tristemente fallecido en Adamuz consiguió crear “un feeling en el botiquín gracias a su personalidad que se ha mantenido” desde su llegada y ha sabido acoger a quienes llegaban”.
Una complicidad Real Madrid- Barça
“Siempre llegaba por la mañana desprendiendo alegría, los lunes hablábamos de fútbol, era muy del Ceuta, era muy de Real Madrid, yo soy del Barça, y ya sabéis, los lunes aquí en el desayuno, pues lo recordamos con mucha añoranza”, relata Jalid, haciendo referencia a cuanto se le echa de menos entre esas conversaciones que ya eran una tradición entre aficionados rivales azulgranas y merengues.
Añade Adrián que siempre que llegaban partidos de los equipos de su corazón, Álvaro no olvidaba mencionar que su plan favorito era verlo con su padre, ya fuera la AD Ceuta en el campo o el Real Madrid.

Venía a vivir el espíritu legionario
Buceando por los recuerdos del pasado, indagando en momentos compartidos junto a Álvaro, cuenta Jalid que desde el primer día notó un toque distinguido en su persona. No era un enfermero más. Venía a vivir el espíritu legionario.
Fue durante sus primeras maniobras en Toledo, cuando Álvaro ejercía de teniente.
Anécdotas
“La primera noche estuvo conmigo en la ambulancia, yo iba de conductor, él de enfermero, y estuvimos desde las 10 de la noche hasta las 12 del mediodía, pues con infinidad de incidencias que nos fue marcando la Unidad, y recuerdo que él me dijo: ‘Pero, ¿esto va a ser siempre así? Y yo le dije: ‘sí, sí, los legionarios somos así de intensos’”, recuerda con ternura, añadiendo que “esa noche sintió que la Legión era algo distinto”.
Asimismo, Adrián ha despedazado cada recuerdo obtenido de las mañanas en las que el deporte se convertía también en un encuentro para intercambiar vivencias, para consolidar una amistad que trascendía las paredes el acuartelamiento.
Mirada perdida
Su mirada perdida en la memoria dejaba casi palpar la tristeza e impotencia de Adrián, que parecía estar tocando con los dedos el momento que narraba.
Pos su parte, María del Pilar, también recordaba con cariño todos los momentos compartidos durante las maniobras con el capitán enfermero.
Todos coinciden, sin margen de duda, en que la alegría de Álvaro era el rasgo más destacado de su personalidad, un don que irradiaba con fuerza a aquellos que tenían el placer de frecuentarlo.
Serenidad y ejemplo
Los momentos críticos, el capitán fallecido siempre los afrontaba con serenidad, y esto también ha servido de ejemplo a sus compañeros, subordinados y a otros tantos que lo conocían.
Cabe destacar que el ceutí enfermero legionario adoraba vestir de verde, la Legión caló en sus huesos, se fusionó como uno más, el espíritu legionario se apoderó de sus entrañas y se convirtió en su bandera.
Un gesto característico de Álvaro
Además de la personalidad, los humanos tendemos a repetir gestos que nos hacen únicos, que se convierten en rasgos distintivos de nuestro ser. Álvaro tenía uno que todos recordarán siempre, y lo hacen con cariño y media sonrisa mientras lo visualizan en sus adentros.
“Yo recuerdo un gesto de Álvaro muy característico que me sorprendió mucho cuando vi a su padre. Era la forma en la que se tocaba la barba. Recuerdo que se ponía el brazo aquí y se acariciaba la barba hasta el final y me sorprendió mucho porque cuando conocí a su padre tenía exactamente el mismo gesto, entonces me lo recordaba muchísimo”, relata la capitana María del Pilar.
Cuenta su amigo Adrián que “él tenía una mirada que transmitía pureza. Vino a este mundo a ayudar, y eso lo transmitía en su mirada”. Su mirada “marcaba, podía reconocerlo fácilmente a través de ella”, añade.
La noticia de su muerte: “Una cascada de emociones”
Tras este recorrido por los recuerdos, legado y enseñanzas que dejó Álvaro, es el momento de tocar el lodo y adentrarnos en la oscura noticia de su fallecimiento.
La noche del domingo 18 de enero se vivió en una tonalidad más oscura de lo habitual.
Álvaro volvía en el tren de alta velocidad de la compañía Iryo que cubría la ruta entre Málaga y Madrid, pero su final no lo anunció una voz del vagón con la llegada a destino, fue la televisión quien transmitía por todas las cadenas el terrible accidente.
Álvaro viajaba en él. Estaba desaparecido. Las llamadas llegaban a su móvil, compañeros, familiares, amigos…. Gente que lo quería, y lo quiere, no paraba de intentar localizarlo.
Sin noticias de Álvaro
La incertidumbre envolvía a sus seres queridos en un terreno lúgubre y profundo del que era casi imposible salir sin tener noticia alguna del joven.
Las imágenes ofrecidas por la televisión no eran agradables y en el pueblo de Adamuz comenzaba una ola de solidaridad que hizo de ángel guardián de los pasajeros, bajo la creencia de estos, todos los fallecidos fueron arropados por el manto de la Virgen del Sol, patrona que vela por este entorno cordobés.
La gente te llamaba, “¿dónde está Álvaro?”
“Fue una cascada de emociones. Primero, angustia. La gente te llamaba: ‘¿dónde estaba Álvaro?’ ‘No lo sé’ Le llamabas, no te contestaba, el teléfono sonaba…”, cuenta con cierto nerviosismo María del Pilar.
Después, “se siente esperanza, puede ser que esté entre los heridos, no lo han conseguido localizar, pero puede ser que esté ahí”, continúa detallando.
Empieza el miedo
Más tarde, con la espera y la falta de noticias “empieza el miedo, temor a que realmente pasan las horas y no aparece Álvaro. Y, finalmente, el desenlace es una mezcla entre alivio y muchísima tristeza”.
“Alivio de recuperar su cuerpo y haberlo encontrado a pesar de la desgracia, para que su familia pueda despedirlo. Y, por supuesto, la tristeza que conlleva la pérdida de una persona como Álvaro”, finalizó la capitán sobre cómo vivió este episodio fatídico.

El adiós a un compañero
“Con mucho dolor”, decía contundente el cabo 1º Jalid, quien viajó hasta Córdoba el mismo lunes tras el suceso para acompañar a la familia. “Estuvimos con ellos dándoles el apoyo que podíamos, porque no había palabras de consuelo”, relata.
Hasta que el jueves llegó la fatal noticia. El cuerpo de Álvaro había sido hallado sin vida.
“Como buen legionario, fue el último en abandonar el campo de batalla. Creo que esperó a que todo el mundo apareciera para abandonar, como hacemos nosotros”, dijo Jalid, consiguiendo erizar el vello de los allí presentes.
“Siento que va a aparecer por la puerta”
Por su parte, para el cabo Adrián Bou, la noticia del fallecimiento de Álvaro fue “un momento bastante duro”, tan difícil de asimilar que, a día de hoy, todavía no llega a hacerse a la idea de que no volverá a ver a su amigo y compañero”.
“No sé como expresarlo, siento que en cualquier momento va a volver a entrar por la puerta del acuartelamiento y todo va a seguir como antes”, dice con dolor en su mirada.
Un mensaje a la familia
Álvaro se fue, dejando un mar de lágrimas e impotencia. Sus seres queridos quedaron rotos y ninguna palabra calma. Igualmente, los compañeros de Álvaro han transmitido un mensaje a los padres del joven, coincidiendo todos en el mismo punto: en ellos pueden encontrar apoyo infinito e incondicional, como una parte más de la familia que su hijo dejó.
“Begoña y Germán saben que en nosotros tiene unos nuevos hijos”, transmite Jalid.
“Quiero darles las gracias a sus padres por habernos permitido y habernos dado el lujo de conocer a alguien como el capitán Álvaro García Jiménez”, añadió Adrián.

Mensajes al cielo
“Yo le diría que le echamos mucho de menos, que Álvaro sigue estando aquí, cuando entramos al botiquín, Álvaro sigue estando aquí, aquí están sus cosas, su agenda, sus apuntes, su taquilla, él sigue con nosotros, y que le echamos mucho de menos, que allá que donde esté, que tenga la paz eterna que realmente se merece”, dijo María del Pilar entre lágrimas sobre el recuerdo de su compañero.
“Las palabras que le dedicaría al capitán es que nos siga cuidando desde el cielo, allí donde esté, que no pierda la alegría, que se fue haciendo lo que más le gustaba, que era viajar, encima venía para cumplir con su deber, que volvía para una reunión que teníamos el martes, lo dejó todo para venir a esa reunión”, transmitió Jalid.
El mensaje de un amigo y compañero
El final de este recorrido a modo de homenaje por la vida en el acuartelamiento del capitán fallecido en el accidente ferroviario de Adamuz, Álvaro García Jiménez, lo ha puesto su amigo, el cabo Adrián Bou, quien no ha podido extender su mensaje a Álvaro porque el nudo en la garganta y las lágrimas no le permitían continuar.
“Siempre a tu lado”, pudo apenas trasladar el compañero y amigo del joven fallecido en Adamuz, quien siempre será recordado por su alegría y sus ganas de vivir cada día envuelto en felicidad.






Te fuiste demasiado joven, pero como un cometa: dejando tras de ti una estela brillante. Por eso, tu pérdida ha causado dolor y lágrimas entre tus compañeros de armas, amigos y los que tuvieron la suerte de conocerte, pero allá en el cielo, seguro que han puesto alfombra roja para recibirte. Descansa en paz capitán Álvaro García Jíménez
Y familiares, por supuesto; eso es obvio
Qué suerte y qué orgullo para los padres que hablen de uno así cuando no esté. Y es que era un buen chaval. Realmente su cara desprendía bondad y era una persona humilde y educada. Descansa en paz
Emocionante recuerdo hacia el Capitán de la Legión fallecido, que muestran las cualidades que tenía y el aprecio de sus compañeros. Descanse en Paz Álvaro García Jiménez, que Dios lo tenga en su Gloria. "La Muerte no es el Final". Reciban un fraternal abrazo de mi parte sus familiares, allegados y compañeros. ¡Viva La Legión!