Es la asignatura pendiente para ambos países: conseguir que el tránsito sea cuando menos normal. Eso, por hoy, no sucede. No es algo nuevo, arrastra años y años de problemáticas, de relaciones buenas en lo político pero malas en lo práctico. La inmigración ha conseguido controlarse, reflejándose el buen entendimiento entre ambas partes salvo algún que otro ‘choteo’ anecdótico. En cambio el tránsito de personas y vehículos sigue viéndose sometido al momento, a que las Policías de ambos lados sencillamente ‘se lleven’, a que el personal que esté de servicio en la frontera sepa la importancia de la labor que tiene encomendada. Hoy por hoy, a pesar de los discursos políticos que intentan adecuar la realidad a sus propios intereses, esa normalidad no se produce y termina frenando la entrada de turistas a Ceuta como, a la inversa, la marcha de más ceutíes al otro lado para, sencillamente, pasar el día. No conviene ni a uno y a otro lado esa anormalidad en el funcionamiento, pero incongruentemente sigue produciéndose. Quizá sean necesarios algo más que promesas de inversión, de visionado de nuevos proyectos... si la esencia no se cambia, si la mentalidad no varía, quizá los problemas sigan siendo los mismos. Hoy, lamentablemente, lo son.
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