Seguimos arrastrando la falta de un albergue y terminamos acostumbrándonos a imágenes duras. El contrato para disponer de un inmueble que sirva para acoger el albergue comprometido por la Ciudad ha quedado desierto, lo que conllevará nuevos retrasos.
Llega el mal tiempo y las escenas de personas sin hogar duelen más. Personas que duermen en bancos o que se toman un café bajo la lluvia, hombres y mujeres con historias rotas a sus espaldas que no tienen un hogar y que necesitarían de unos recursos básicos para resguardarse del frío, tomar algo caliente, ducharse y descansar. Tampoco se está pidiendo mucho más.
Pero eso no existe en Ceuta porque llevamos años sin hacer los deberes. No hemos cumplido con una necesidad imperiosa, hemos dejado pasar oportunidades y ahora estamos envueltos, atrapados en un callejón sin salida.
La habilitación de un albergue se politizó con enfrentamientos, amenazas de judicializar el caso, bloqueos… Tras aquella convulsión del verano hemos llegado a este punto, a que nadie opte a explotar un servicio necesario y urgente.
Una ciudad como Ceuta no se puede permitir tener a personas durmiendo en la calle porque no hay espacios para atenderlos.
Un albergue social es básico en cualquier ciudad, pero no solo para atender estos casos, sino para operar ante cualquier tragedia o suceso imprevisto. Los hemos tenido: temporales de los buenos que han llevado a decenas de personas a dormir en la estación marítima; incidencias con la frontera que obligaron a ocupar pabellones deportivos; incendios con familias desalojadas.
La previsión ha fallado durante muchos años, pero ahora también estamos fallando en una indisciplinada realización de deberes sin explicación alguna.







Seguro que saldrán múltiples municipios solidarios en la costa del Sol que estarán dispuestos a quedarse a todos ellos.
Incluso en nuestro vecino amigable pais de Mohamed seguro que están dispuestos a recoger a todos.
Cuanta solidaridad.