Herminia Vicente la conocí en el Museo de Ceuta. Ella era una gran asidua a todo lo relacionado con la cultura, y yo, en aquel momento, trabajaba allí.
De tanto ir al museo para visitar las diferentes exposiciones temporales que se iban exponiendo, entablamos amistad. Me hablaba con todo lujo de detalle de los muchos viajes que había realizado por buena parte del mundo: Estados Unidos, Egipto, etcétera. Era una persona que vivía por y para la cultura, y también una gran colaboradora de ‘El Faro de Ceuta’, donde escribía principalmente sobre temas culturales, sus vivencias, la música —le encantaba el jazz—, los animales, y mucho más.
Herminia, siempre que surgía la conversación sobre los animales, me recordaba que su madre había sido una de las fundadoras de la Protectora de Animales y Plantas de Ceuta, algo de lo que se sentía muy orgullosa.
Durante un tiempo le perdí la pista, hasta que un día la vi en la Residencia Gerón. Sabiendo que ya estaba allí, mi mujer y yo íbamos a visitarla y echábamos buenos ratos de charla. Por esas fechas volvió a retomar sus artículos en ‘El Faro de Ceuta’. Le encantaba escribir y retomar sus escritos le hizo mucho bien. Ya teníamos otro tema del que hablar mientras tomábamos el desayuno en la cafetería de Residencia Gerón.
Yendo a tomar café con Hermy conocimos a muchos más residentes de Gerón y, al final, nos hemos hecho asiduos de su cafetería, donde pasamos algunas mañanas en compañía con los residentes.
Herminia, fue un placer conocerte. Fuiste una persona adelantada a tus tiempo. Seguro que, desde donde estés, seguirás siendo la misma. Adiós, Herminia. Nos quedamos con todo lo mucho que hemos aprendido de ti.






