Las lenguas no son solo un medio para comunicarse. Son fruto de las que la precedieron y del legado de los antepasados. Siglo tras siglo se han transformado y han atravesado un vasto recorrido que las ha hecho ricas. Son portadoras de una parte del patrimonio inmaterial de la humanidad, un bagaje cultural que ha sido enseñado este miércoles en Ceuta.
Alumnos de quinto curso de primaria han conocido este valor que se halla tras el hindi, el dariya, el castellano y el hebrero. Lo han hecho a través de los talleres organizados en el centro cultural ‘Estación del Ferrocarril’ con motivo de la celebración del Día de las lenguas maternas.
Divididos por grupos, han explorado los recovecos de cada una. Los monitores, repartidos en las diferentes salas de las instalaciones, los han guiado en este camino. La primera actividad se ha enfocado en la obra de Miguel de Cervantes, ‘Don Quijote de la Mancha’.
Sentados en corrillo, han descubierto cómo escribía la sociedad española en el siglo XVII. Han surcado las páginas del capítulo XXVII, en el que un cura y un barbero idean un plan para rescatar a Don Quijote de su penitencia en Sierra Morena.
Dos de esos estudiantes que han tomado parte de esa aventura literaria han sido Munir y Lila. Ambos han sabido explicar a la perfección que es una lengua materna. “Es la que hablan tus padres. Si son de Estados Unidos, es el inglés, aunque se vayan a vivir España”, ha indicado ella. Él, con cierta timidez, ha asegurado que su idioma favorito es el español.
No solo han sido compañeros de las aventuras de los dos míticos personajes del popular escritor. No ha sido tampoco la única lectura en la que se han sumergido en esta jornada. Han participado en otras enfocadas a enseñar los entresijos del hindi, el hebreo y el dariya, todas ellas con estrecha vinculación con la ciudad.
Los grupos que han pasado por el centro cultural han sido solo una parte del total de estudiantes inscritos. Casi 500 niños han sido objeto de las tareas preparadas por la Ciudad en colaboración con Guía Educativa y la Fundación Premio Convivencia.
Gabriel Fernández, técnico del área de Cultura ha asegurado que los talleres son un reflejo de esa ciudad de las cuatro culturas que se menciona en los discursos institucionales con frecuencia.
Sin embargo, el evento ha ido mucho más allá de este concepto. “No aprenden un idioma ya que una locura hablarlo en solo dos horas. Lo que se les enseña es a valorarlos como parte de su identidad y de la de la ciudad, es decir, como el patrimonio inmaterial vigente que constituyen”, ha explicado.
La razón que ha llevado a organizar los talleres es la celebración del Día de las lenguas materas. Es una actividad que se ha desarrollado desde 2009. Aunque ha sufrido algunos cambios, su objetivo se mantiene.
La meta es familiarizar a los menores con hablas que existen dentro de su entorno urbano, independientemente de que estén presente o no en sus círculos más cercanos. “Es para que no les resulte extraño escuchar ‘ramadán karim’ o ‘ramadán Mubarak. Es para que vean que es tan natural como decir ‘feliz Navidad’ o como el alumbrado que se observa en las calles con motivo de la festividad”, ha expresado.
“Ceuta es ejemplo de convivencia. La pretensión no es impartir clases. Es mostrarles el patrimonio local, el que es de ellos, aunque en el día a día no sepan que es de ellos. Son esos idiomas que, aunque no los comprendan, no dejan de ser de la ciudad”, ha manifestado.
Fernández ha trasladado que, a pesar de que es cierto de que en cada casa se habla una lengua u otra, hay puntos en común que nacen de ese roce de palabras. “Esto va por barrio y por hogar”, ha comentado. “Todos saben lo que es una chuparquía o incluso ‘rigli’. Eso es muy de aquí y no es un término castellano. La pronuncian tanto cristianos como musulmanes”, ha aclarado.
“Estamos mucho más embridados de lo que imaginamos. Esto es una Ceuta, no son dos ni mucho menos”, ha indicado. Esta actividad contribuye “a crear una sociedad que tenga presente la diversidad”.
De hecho, ahondar en este asunto le ha recordado una anécdota que, para Gabriel, es una señal de esa “naturalidad” sin prejuicios. “Hace unos años hacíamos estos talleres en el instituto Clara Campoamor. Participaban muchos críos. Dividimos las clases”, ha mencionado.
“No quiero ofender a nadie con esto, solo reproduzco lo que dijo la niña. Son sus palabras textuales. Tenía cinco años. Se acercó a otro chico del colegio Reina Sofía y le preguntó si hablaba moro. Él respondió que sí y se unió a su equipo”, ha relatado.
“Ellos no lo sintieron como un insulto. Solo querían rellenar los cuadernos y ganar. A raíz de eso ya no eran estudiantes de la Inmaculada o del Reina Sofía, eran del grupo de los amarillos o de los azules”, ha expuesto.
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