Como de todo hay en el calendario, hoy es el día mundial de la salud mental. Ya saben lo que toca: actos, manifiestos, opiniones… aunque lo realmente importante es qué tocará mañana. Si las administraciones serán capaces de implicarse en abordar este asunto como se merece o seguirán parcheando.
Mi querida compañera Paloma López Cortina entrevistó hace años a un psiquiatra reconocido en nuestra ciudad que le dio un titular que deberíamos tener presentes todos. “Todos tenemos un puntito”, decía. La clave está en si sabemos manejarlo y, si no, si existen medios para ayudarnos.
Sin recursos, sin medios suficientes y sin la inversión debida, hablar de salud mental es seguir rodeando un círculo atrapados ante la falta de salida. Un círculo que estalla en las manos de las familias que se ven obligadas a atender con sus propios recursos a alguno de sus miembros ante la falta de centros especializados y terapias adecuadas, evolucionadas y ajustadas.
Hay padres que han envejecido antes de tiempo haciendo frente a una situación extrema porque uno de sus hijos sufría, por ejemplo, esquizofrenia. La pérdida de los padres dejó a ese hijo perdido en esa cadena social rota, quebrada por la incompetencia de unos gobiernos que han tratado todo lo relativo a la salud mental como algo que estaba arrinconado, que era cosa de unos pocos. Pero el tiempo nos ha demostrado no solo que no sino que además hay más casos de jóvenes, de adolescentes y niños que necesitan de una atención temprana y específica.
Salud mental, un derecho universal. Ese es el lema del manifiesto del colegio de psicólogos. Sin duda acertados por conocedores de una situación extrema que nos puede afectar a todos, a nosotros mismos, a nuestros seres queridos…
Mientras sigamos viendo todo lo relativo a la salud mental como algo solo de ‘algunos’, algo que no nos puede afectar al resto, estaremos cometiendo el mayor de los daños sociales para las futuras generaciones que ya, de momento, son herederas del gran vacío que sufrimos las actuales.






