El nuevo delegado del Gobierno, Rafael García, afronta un camino esperanzador para Ceuta ante los retos que esta ciudad se plantea. Y lo hace de la forma más cabal posible: con educación, seriedad, responsabilidad, contando con la colaboración de todos y teniendo presente la necesaria lealtad institucional por bandera. Es el camino correcto si se quiere a Ceuta, es el camino ideal para sacar adelante proyectos que den estabilidad a esta ciudad y que ayuden a crear nuevos yacimientos de empleo. Las estridencias, el ruido provocado por los que siempre buscan la confrontación no es bueno, mucho menos en estos momentos en los que el Gobierno de la Nación ha dejado claro que apuesta por Ceuta, lo ha dejado tan claro que hay un plan estratégico con cuantiosos millones de inversión que ya está presentado y que tiene todas las bases para ponerse en marcha.
A García le toca ser el delegado del Gobierno de todos los ceutíes, mirando para que a Ceuta le vaya mejor, garantizando que todo funcione sin desequilibrios.
Atrás queda el trabajo hecho por su predecesora, Salvadora Mateos, una mujer a la que no se le ha hecho justicia, a la que no se le ha valorado lo suficiente por haber conseguido lidiar en los momentos más complicados en Ceuta como fue la entrada masiva de mayo o la crisis del covid que se materializó en un cierre de fronteras y en la anulación de un contacto con Marruecos que dejó a muchas personas atrapadas a uno y otro lado del paso del Tarajal.
Esos tiempos fueron difíciles y Mateos supo manejar una Delegación que superó baches, entregándose en cuerpo y alma a la institución para representar de la mejor de las maneras al Gobierno de España.
Rafael García tuvo palabras para Mateos como también el ministro Félix Bolaños. Ahora hay que mirar adelante para afrontar el tiempo que queda con esperanza, con trabajo, con detenimiento, alejándose de los folloneros de siempre, dejando a un lado a una ultraderecha que solo quiere la división.






