Se ha denunciado en tantas y tantas ocasiones, que resulta vergonzoso insistir en lo mismo. Pero hay que hacerlo, lo contrario supone una complacencia insultante.
El abandono al que se entregan determinadas infraestructuras evidencia el auténtico pasotismo que anida en áreas de la ciudad. Hoy publicamos que la obra del Parque de Santa Catalina está pendiente de los permisos de Costas, lo que agilizaría el poder transformar este lugar en lo que se prometió. Al margen de ese trámite, es obligado preguntarse cómo el Ayuntamiento ha podido tener tanto desprecio hacia este punto de la ciudad que fue construido para retirar un vertedero y evitar así las sanciones europeas que se avecinaban. Lo que nos ‘vendieron’ en foto nunca fue una realidad, pero al menos debían haber evitado el abandono más absoluto que impera en este lugar.
Un punto carente de iluminación, sin fuentes -no sé realmente si alguna vez funcionaron-, sin suficientes papeleras, donde se colocaron unos paneles informativos que se quedaron sin cuidado alguno y en donde se dispuso una especie de conjunto gimnástico para que se pudieran hacer ejercicios.
Cuando se colocaron, de hecho, acudían deportistas a usar las distintas pistas dispuestas además de las barras, bicicletas y demás aparataje. ¿Qué pasó? Que el Ayuntamiento no veló por el mantenimiento al que está obligado y ni siquiera funcionaron los debidos controles para evitar que ese parque se convirtiera en algo fantasmagórico y hasta peligroso.
Ya lo de colocar una especie de parque infantil en el lugar fue de risa, debido al estado en que se encuentra. Esta tarjeta de presentación es el resultado de un pasotismo que termina siendo tan perjudicial que convierte una buena obra en el peor de los errores.
Y eso sin contar el pozo sin fondo al que se echan millones y millones sin que se consiga tener algo medianamente aceptable.
Sucede en Santa Catalina, pero la historia se repite en más parques. El cercano de San Amaro se lo cargaron. Lo hicieron primero con esa remodelación que eliminó naturaleza por piedra. Después fueron incapaces de terminar los senderos y entregaron al abandono la zona de animales hasta sumirla en la más absoluta vergüenza con robos sin esclarecer porque ni siquiera existe una vigilancia mínimamente decente.






