E l Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que el Gobierno de Vivas llevará al Pleno para su aprobación provisional, el último paso pendiente de una tramitación que se ha hecho exasperantemente larga antes de someterlo al visto bueno definitivo del Ministerio, promete encauzar con “flexibilidad” sus líneas de desarrollo durante los próximos 8 años para “posicionarse como ciudad media, rentabilizando una posición de paso estratégico fundamental de personas y mercancías entre mares y continentes”.
El objetivo es sentar las bases de una localidad “prestadora de servicios cualificados y de calidad, con capacidad para ofrecerse como espacio atractivo, para vivir, para visitar o para invertir, a ciudadanos y empresas de regiones urbanas próximas”. El documento también plantea medidas para “suturar” la periferia (y esta con el centro), recuperar y proteger el patrimonio y el medio ambiente e “integrar” en el territorio el valor de su medio físico y la insertación de acciones estratégicas. Tras muchos años esperando, la Asamblea debe ser consciente de la dificilísima coyuntura que, a todos los niveles, se enfrenta actualmente a todos los niveles, agravada en Ceuta por las crisis migratoria y fronteriza que han agudizado las dificultades generadas por la sanitaria (y la económica que trajo aparejada), para no ligar a intereses partidistas la posibilidad de que la aprobación del documento salga o no adelante. Es preciso discutir sobre si las operaciones, actuaciones y permutas que se contienen en el texto son o no convenientes para el interés general; si la ubicación y el número de las infraestructuras y equipamientos que se señalan es adecuada y suficiente; o si el espacio que para uso residencia y económico colmará las necesidades de futuro de la ciudad, pero también no bloquear el desarrollo de Ceuta si se garantiza disponer de la flexibilidad imprescindible para su concreción y ejecución.






