La celebración de botellones en el entorno en donde está situado el Hércules se ha traducido en la aparición de los primeros actos vandálicos con la rotura de todos los focos a través de los cuáles se ilumina la obra de Ginés Serrán Pagán. La Ciudad en su día, atendiendo las quejas trasladadas por los empresarios del Poblado Marinero que sienten en el botellón una competencia desleal, se comprometió a habilitar una zona para su práctica. El hecho es que a fecha de hoy no se ha dado un paso para concentrar el botellón en un punto concreto, lo que se traduce luego en la aparición de destrozos como los que ya sufre el ornamento lumínico del Hércules o callejones cercanos debido a la suciedad acumulada.





