Santiago Ramírez participará mañana (18.00 horas) en las jornadas de encuentro entre la comunidad educativa en el CPR y lo hará hablando sobre el informe sobre abandono escolar temprano en Ceuta.
Las instalaciones del Centro de Profesores y Recursos (CPR) de Ceuta acogen mañana, 18.00 horas, una nueva charla enmarcada dentro de las jornadas de acercamiento entre la comunidad educativa local. El ponente en esta ocasión será un buen conocedor del funcionamiento y los problemas de la enseñanza en Ceuta, el profesor de la facultad de Educación y Humanidades de la UGR en la ciudad Santiago Ramírez, quien detallará las conclusiones y propuestas del informe sobre abandono escolar prematuro en Ceuta que presentó el Ministerio de Educación en enero. Ramírez participó en su elaboración.
–El informe sobre el que hablará se presentó en enero de este mismo año. ¿Qué aspectos destacaría de él?
–El informe viene a confirmar lo que se venía sospechando sobre el abandono escolar temprano. Datos de los años 2005 y 2007 decían que el abandono escolar temprano en la ciudad rondaba el 40-45%. En nuestro estudio las cifras son similares (40-48%). Esto supone quince puntos más que la media nacional (31%) y multiplica por tres los datos de la Unión Europea (14%). Son cifras claramente preocupantes que fueron las que motivaron el encargo del Ministerio para la realización del estudio.
–¿A qué cree que se debe esa diferencia entre los datos ceutíes y los europeos?
–El estudio confirma también que los problemas de abandono temprano vienen de desigualdades sociales, como la sociedad, la economía y el nivel de estudios de cada territorio. Por ejemplo, en España se ve que en la mitad norte hay un porcentaje menor de abandono escolar y de fracaso mientras que de la mitad del mapa para abajo esos niveles se incrementan enormemente. Extrapolado a la ciudad de Ceuta, hemos podido comprobar que los porcentajes mayores de los alumnos que abandonaban la escolaridad obligatoria residían en el extrarradio de la ciudad. Sin embargo, en el centro el porcentaje era pequeño en comparación con los alumnos de la citada zona, donde hay un nivel socio-económico mucho menor.
–¿Se puede afirmar entonces que el nivel socio-económico y cultural de un sitio determina la tasa de abandono escolar?
–Se trata de un factor muy influyente que además está altamente estudiado. En el informe se habla de la familia como una factor fundamental en el fracaso y el abandono escolar temprano. A pesar de ello, hay que tener mucho cuidado con centrar la atención en un solo foco. Ni la sociedad, ni el nivel cultural de los padres, ni la escuela y los profesores, ni el alumnado por sí solos son causas del fracaso escolar. Hay que tener en cuenta que el fracaso y el abandono escolar son cuestiones multicausales. Algo que está determinado por múltiples factores y que, además, se entrelazan e influyen mutuamente sobredimensionándose. Sería erróneo atacar una única causa. Mejorar las dotaciones escolares, preparar mejor al profesorado o inculcar una cultura del esfuerzo al niño no atajan por sí solos el problema. Hay que adoptar medidas globales en las que intervengan todos los sectores de la comunidad.
–Esta charla está enmarcada en un proyecto educativo que pone especial atención a la importancia de la comunidad en el proceso de aprendizaje. ¿Qué papel le otorga usted a la participación comunitaria?
–Es algo fundamental y de vital importancia. Yo creo que los proyectos socioeducativos que se están poniendo en marcha en los últimos tiempos, como por ejemplo los proyectos sobre comunidades de aprendizaje, son un valor bastante importante para paliar las tasas de abandono escolar y el fracaso. Se trata de programas en los que se implican los distintos sectores de la comunidad, la familia, empresas, el profesorado e incluso el propio alumnado. El primero que se ha puesto en marcha es el del CEIP Vicente Aleixandre y está resultando muy interesante. Espero que se vean resultados en los próximos años. Esa opción que se ha tomado de tomar un trabajo de compensación a nivel de comunidad me parece muy acertado.
–Quizá sea también muy importante adaptar la forma de enseñar al siglo XXI, porque algunos se quejan de que los métodos son similares a los que se usaban en los años 80...
–Es muy interesante ver lo que decían muchos de los alumnos que habían abandonado los estudios sobre los motivos por los que fracasaron. Comentaban que se habían marchado porque se aburrían en las clases, que las metodologías no eran activas, que los temas no eran interesantes y que era necesaria la renovación de las técnicas metodológicas. Son muchos los que opinan de esta forma. A pesar de ello, insisto en que éste sólo sería un factor a atender. Se trataría de la formación de profesorado, la puesta en marcha de proyectos de innovación y medidas a tomar dentro de la institución escolar. También habría que tomar medidas a nivel familiar, a nivel social e incluso a nivel del propio alumnado.
–En el informe se dice que los alumnos árabes tienen una mayor capacidad en las tareas, mayor disposición a la hora de realizar deberes e incluso que obtienen más altas puntuaciones en las capacidades para influir en los demás. ¿Desmiente ésto cierta línea de creencias?
–Como he dicho, no es cuestión de pertenencia a una determinada cultura de origen, sino de que cómo está esa comunidad cultural. Tampoco es cuestión sólo del idioma, ya que se dice que algunos alumnos trabajan en una lengua que no es la suya materna. Es un factor que puede dificultar la adquisición de conocimiento, pero no es definitiva. Yo tengo alumnos en Magisterio de origen árabe que son brillantes y, sin embargo, su lengua materna es el dariya. El problema no solo es tener una lengua materna distinta, sino las condiciones que rodean al sujeto que igual se agravan con un lenguaje empobrecido y una segunda lengua que no está siendo correctamente transmitida.





