Dejando a un lado que la redacción del Plan de Contingencia sea algo confusa, Sanidad ha confirmado que su idea no es la de activar un plan de sacrificios masivos tras la declaración del foco de rabia. Se analizarán los animales que presentan síntomas y se actuará si son compatibles con la enfermedad. No hay que olvidar que se está poniendo encima de la mesa la salud pública, la de todos. Tampoco que esa situación puede dar cobijo a políticas radicales con los animales vagabundos hasta el punto de exterminarlos porque sí. Pero eso, ha querido dejar claro Sanidad, no va a suceder. Entre otras cosas porque sería una temeridad. Ha sido necesaria la aclaración después de que la expresión formulada en el plan de 2013 que se ha tomado como referente este año no fuera de lo más acertada.
Estamos ante una situación adversa que hay que tomarla con la serenidad debida pero también con la prudencia derivada de hablar de un asunto como la rabia. Determinante será conocer el origen del contagio, como saber el origen de dicha perra para actuar en consecuencia contra quien la tenía, porque culpable no ha sido el animal de infectarse, culpable ha sido quien la tenía sin vacunas, sin chip, sin control provocando ese resultado. Este caso, desgraciadamente, no es aislado en esta ciudad. Quizá esta situación sea el detonante preciso para que de una vez por todas se actúe con la contundencia debida contra todas esas personas que tienen perros sin las debidas atenciones, que no los atienden, que no los llevan al veterinario ni los controlan. Contra los criaderos ilegales, las peleas clandestinas o la tenencia de razas de moda que al final, al no ser cuidadas, terminan provocando una situación no deseada por todos.
En esto juegan un papel importante las fuerzas de seguridad y las órdenes de las cúpulas que las dirigen a la hora de entender que los temas vinculados con el trato animal no es interés de cuatro sino que termina afectando a toda una ciudad.






