Parece mentira que en estos momentos cuando los positivos van en aumento, cuando la ciudad pasa del 80% de casos de coronavirus provenientes de fuera de la ciudad a un 46% y apunta a una transmisión comunitaria intra-Ceuta, cuando nos enfrentamos a la variante supercontagiadora Delta y cuando todavía sufrimos los estragos de la primera, segunda, tercera y cuarta ola, haya que seguir recordándole a muchas personas que los botellones estaban prohibidos antes de la pandemia, que lo siguen estando durante la pandemia y que lo seguirán estando después.
No se trata de evitar el esparcimiento o de impedir el sano disfrute de actividades recreativas, se trata de insistir en que este tipo de aglomeraciones en la vía pública no pueden seguir ocurriendo, simplemente porque por Ordenanzas no están permitidos y porque en medio de una pandemia el riesgo se incrementa exponencialmente, esto sin contar con que los efectivos policiales, cuyas responsabilidades son muchas y cuyas prioridades son otras, incluyendo los problemas de inseguridad, no pueden pasarse las noches persiguiendo a grupos de jóvenes que insisten en no acatar las normativas.
El cierre de las playas durante las noches y el precintado de los bajos de la Marina, por nombrar algunas medidas, no es un capricho de la Ciudad, sino que responde a una serie de decisiones necesarias para poder frenar los contagios que están en aumento y también para poner orden, aunque parecieran ser insuficientes para frenar lo que ocurre durante noches como la de este viernes para sábado cuando jóvenes se agolparon para hacer botellón en torno a la estatua de Al Idrissi, bajo el Paseo de las Palmeras.
Se gradece que la Ciudad tome medidas, se agradece que la Policía Local tenga la intención de reforzar el control y la vigilancia de las zonas más frecuentadas para realizar botellones, pero es que los agentes policiales no tendrían que estarse dedicando a erradicar una actividad ya prohibida por las Ordenanzas y vetada en los Decretos de la Consejería de Sanidad.
Toca entonces apelar al sentido común y, sobre todo, a la reflexión de aquellos que prefieren creer que la pandemia no los puede tocar, aunque ha quedado demostrado que no es así.






