El centro de La Esperanza pasa por uno de sus peores momentos después de que 75 menores se hayan visto afectados por el virus. Son pocos los que no se han contagiado y el centro ha quedado confinado. Para un personal que se ha entregado en mantener a cero los casos, que durante la pandemia cuidaron hasta el extremo que el bicho no entrara en el albergue, es jodido pasar por esta situación. Cuando suceden brotes de este tipo no queda más que intentar que todo se normalice, que los menores se recuperen y que las instalaciones vuelvan a funcionar como antes, siendo ejemplo de proyectos sociales y ejemplo de cómo han sacado adelante a muchos muchachos que llegaron sin nada.
Lo fácil en estos momentos es echar mano de la crítica y del veneno. Más si se trata de MENA. La palabra mágica con la que algunos parecen entrar en éxtasis. Ahí empieza el linchamiento de los que entienden de todo pero de nada saben, de los mismos que ahora critican sin conocimiento pero callaban cuando se produjeron otros brotes como el registrado en La Legión, por poner un ejemplo.
Es que hasta con esto del COVID usamos distintas varas de medir. Nos puede tocar a cualquiera. Aunque guardemos las medidas de seguridad, aunque nos cuidemos, el bicho no se sabe ni dónde lo puedes pillar. Las ‘armas’ que nos han mostrado son válidas para intentar aminorar los casos, pero personas que han tenido cuidado lo han sufrido sin saber todavía dónde pudieron contagiarse.
Pero aquí, en ese debate incendiario de las redes sociales, no interesa el bienestar de unos menores, ni siquiera cómo está el centro, tampoco nos preguntamos la reacción de los trabajadores confinados en su interior... Lo único que les interesa a algunos es convertir esto en objeto de crítica malsana, en objeto de debate incendiario y en motivo para subir un peldaño más la escalera del racismo, del menosprecio al otro, del rechazo sin miramientos.
Nos cuenta el Ingesa que hay 77 brotes activos, hace poco nos hablaba de uno vinculado al deporte que había generado decenas de contagios... pero nadie se alarmó, ni antes ni ahora. Si a la palabra brote se le suma la de MENA entonces a algunos, las pocas neuronas que guardan los vuelven locos, alimentando el odio que escupen habituados a decir todo tipo de barbaridades así, sin filtros. Qué lástima.






