Hoy se cumple un año de esa tarde en la que la convocatoria de una manifestación terminó haciendo historia. Todavía hay quienes se empeñan en hacer su traducción de aquello para intentar mermar su éxito, pero la tozuda realidad nos ofreció la imagen de miles de personas que protestaban, cansadas, de lo que estaba ocurriendo en Ceuta. Clamaban por la convivencia real, pero también por la igualdad. Hoy un año después, aquello por lo que se protestaba sigue existiendo. Poco se ha avanzado en una igualdad plena de oportunidades y mucho se ha perdido en esa convivencia enrarecida por unos pocos que gozan de demasiado ruido y que son sustentados por quienes piensan como ellos pero se ocultan. El grave problema que persiste en Ceuta es que no hemos conseguido vencer los quistes mantenidos en el tiempo. Se ha avanzado algo de cara a la galería, pero en el fondo las oportunidades en esta tierra están hechas para unos pocos. Eso del traje a medida sigue en vigor como política laboral por mucho que los que nos gobiernan se llenen la boca difundiendo eso de la transparencia. Aquel 28F la gente salió a la calle para reclamar la convivencia quebrada pero también para lanzar su ‘basta ya’ particular a una desigualdad explotada y persistente que convierte esta tierra en la de los unos y los otros, en la de los que tienen derechos y los que no, en la de quienes viven en barriadas decentes y los que tienen que seguir reclamando, por ejemplo, tener unas infraestructuras dignas o una parada de autobús. Esto en pleno siglo XXI. Así estamos.
Aquel Movimiento del 28F se vio sacrificado por la llegada de la pandemia que lo paralizó todo. Pero el sentido que movilizó a miles de familias sigue, no vivo, sino más necesario que nunca. Y esto es así porque seguimos atrapados en un pueblo en el que se aprecian demasiadas injusticias, en el que sobran los padrinos con sus ahijados predilectos. Seguimos atrapados en un pueblo en el que los pequeños grupos mafiosos de espíritu extorsionan y ganan, presionan y se les permite, hasta chulean en audios que se hacen virales y famosos con ser los reyes del juego.
Y esto no solo es una vergüenza sino que es un claro ejercicio de indecencia permitido por todos los que tienen mando en plaza y dejan que la vida siga discurriendo por el mismo camino de los unos y los otros, de los señoritos y de los que nada tienen, de los que devoran todas las oportunidades y de los que las ansían porque siempre les son inalcanzables. Y esto es Ceuta, y esto es por lo que se protestó un 28F que nos puso a todos colorados.






