La situación que se ha vivido con el cierre de un establecimiento de hostelería en la barriada del Morro supone, desde luego, una irresponsabilidad tanto por parte de los organizadores de la comunión como por parte de los propios dueños del establecimiento.
La normativa marcada por la Consejería de Sanidad, Consumo y Gobernación fue bastante clara en el tema de la celebración de las comuniones. Cuando se producía una asistencia mayor de cincuenta personas es obligatorio por parte de los progenitores el enviar al departamento sanitario un escrito pidiendo el permiso y además con el listado de los asistentes, porque si existiera un problema de contagio, es mucho más rápido el localizar a los contactos.
Pero también es lógico que el propio establecimiento de hostelería pida el documento de ese permiso a los progenitores que acuden a contratar el evento. Porque, al final, con casos como el que nos ocupa quienes nos estamos engañando somos nosotros mismos.
La situación no es para reirse, llevamos en Ceuta diez fallecidos y seis de ellos en esta segunda oleada del coronavirus. Lo que queda claro es que sin la responsabilidad por parte de los ciudadanos estamos todos perdidos. Y el primer ejemplo claro es éste que hemos publicado en estas fechas muy determinantes.






