La idea que persigue el Ministerio de Interior pasa por cambiar por completo la imagen de perímetro fronterizo a la que estamos acostumbrados. Para ello se pasó, primero, de cambiar las concertinas por los peines invertidos. Después llegaría la visualización de lo que será la valla más elevada y dotada con distintas partes de planchas metálicas, malla y, en la cúspide, un tubo a modo de rodillo. De momento solo se ha colocado una muestra en la zona de Berrocal, como ejemplo de lo que se extrapolará a las distintas partes de la línea perimetral, dotada de más de ocho kilómetros de separación con Marruecos. No es oro todo lo que reluce, la especial zona donde se asienta el vallado hace imposible la colocación de demasiado peso porque supondría un riesgo de hundimiento. Hay tramos que no van a poder soportar una infraestructura de esta envergadura a no ser que se adopten medidas paliativas difíciles de encajar en esta zona. El proyecto del nuevo vallado va cobrando poco a poco forma desde aquella ocasión en la que supimos, por vez primera, qué elementos iban a colocarse para disfrazar de ‘menos lesiva’ lo que ya se ha convertido en último obstáculo frente al enorme blindaje que va levantando el reino alauita con financiación de Europa.






