Creo que en el fondo a los humanos nos gusta el engaño. Estamos incluso preparados para ello. Nos hemos habituado a vivir en una sociedad en la que nos roban, nos manipulan, nos mienten... y a nosotros nos gusta. El sistema está concebido para el maltrato general, así que todo lo que nos llega se ha pasado previamente por la trituradora de la maquinación psicológica para que nos creamos lo que nos han envuelto en papel de regalo. No hay más.
Ahora llega la fase estelar del engaño, la manipulación de los artistas de las falacias que se elevarán en sus tronos particulares para pedirnos el voto. Y se lo daremos. Claro que sí. Se lo daremos a quien nos guste más, a quien sea capaz de engatusarnos de la mejor de las maneras. El mundo está preparado para que funcione de esta forma, todo lo demás es falso.
Si echan una mirada hacia el pasado más reciente, comprobarán cómo todas las promesas realizadas son siempre las mismas y nunca han sido resueltas. En ese reparto de papeles los protagonistas juegan a la interpretación más realista de su rol, que se repite como si de una máquina se tratara. Son unos muñecos activados para, de nuevo, salir en los papeles con el mítico discurso de que se dejarán la piel por nosotros. Pero no, no lo harán. Se dejarán la piel por seguir manteniendo un sistema que funciona primero para sus intereses y, de paso, para que todo se mantenga en sus posiciones. Nada más.
Ellos, los falsos oradores del siglo XXI, son los artistas en maquinaciones, pactos e ideas malsanas que nacen de sus propios intereses y se disfrazan ahora de campaña electoral. Pero a nosotros debe ser que nos gusta, porque seguimos siendo cómplices de lo que recibimos. Quizá es que, sencillamente, somos unos cómodos que nunca nacimos con espíritu de lucha y cuando lo tuvimos, en pequeñas dosis, nos lo arrebataron a base de gomazos o de denuncias y sanciones.
Los lemas electorales jugarán con los términos de la ilusión, el futuro, el apoyo... serán los caramelos que nos entregarán en sesiones para que sigamos pasando por el aro de un sistema que fue vendido como el mejor de todos, pero en el fondo no es más que una falsedad mantenida.







Decimos en arabe, al ambicioso le engaña el mentiroso, ambicinamos tener una vida mejor,