Cuando se produjo la independencia norteamericana fueron muchas las expediciones que se montaron para conquistar el Oeste. Era la tierra prometida. La tierra donde no existían los problemas y el oro manaba hasta de debajo de las piedras. Pues bien, si trasladamos eso mismo a Ceuta, aquí nos hemos acostumbrado a recibir a muchos inversores que pensaban que llegaban a El Dorado. A la ciudad donde manaba el oro y los diamantes por las calles y donde el personal era despistado y podían engañarle sin ningún tipo de problemas. A lo largo de los años he visto pasar a mucho desaprensivo que se instalaba en Ceuta, que vivía aquí de lunes a viernes, que se marchaba a pasar el fin de semana a la Península o a Marruecos y que cuando tenía la bolsa bien llena, cogía las de Villadiego y a otra cosa mariposa. Muchos desaprensivos que tenían como primer lugar de visita las oficinas de Procesa para buscar la subvención de turno. Por supuesto, también he visto a inversores serios que han llegado con proyectos solventes y que no han encontrado ninguna ayuda. Es más, les han cerrado las puertas porque quien les introducía no era santo de la devoción. Ahora, sin embargo, quienes los introducen si son santos de la devoción, pero resulta que nos encontramos con lo que nos encontramos.
Una introducción muy larga para terminar diciendo que durante un mes hemos estado viendo como una empresa, radicada en Barcelona, que no está considerada entre las más importantes de nuestro país en tráfico de pasajeros ha estado jugando con los unos y con los otros. Nos vendieron la empresa de bajo coste como la solución a todos los males del Estrecho, pero el problema radicó en que se les ha torcido la hoja de ruta. Ni han encontrado inversores que hayan apostado por su fórmula, ni tampoco han encontrado acomodo a ninguna subvención por parte de la Ciudad Autónoma.
Ahora, cuando llega la hora de la verdad, resulta que prefieren dejar en ‘stand by’ la decisión y aplazan hasta marzo cualquier tipo de jugada definitiva. Me parece una tomadura de pelo en toda regla, porque aquí se ha jugado con las cartas marcadas, intentando a ver si picaban unos y otros. Pero, al final, no les veremos ni en marzo.





