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¡Ay, esos espíritus sensibles!

Por Redacción
26/01/2014 - 09:57

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Resulta cuando menos sorprendente que los espíritus sensibles tan sólo se manifiesten en una sola dirección. Sobre todo, cuando el debate se instala en el marco de la inmigración ilegal. Es en ese contexto cuando esos espíritus sensibles sangran por la herida. Es entonces cuando toman partido por el extranjero que trata de entrar ilegalmente, y aun con violencia, en un país. Esos espíritus han interiorizado que la sociedad de acogida es por definición racista y xenófoba, explotadora y expoliadora, sólo tiene obligaciones respecto del inmigrante y ningún derecho, es la mala de la película; por el contrario, el inmigrante, legal o ilegal, es bueno por definición, tiene derechos, es su derecho entrar como sea en el país que elija, en el de su preferencia, incluso, con pasaporte a nombre de otro, como los sirios. “Tienen derecho a invadirnos, pero nosotros no tenemos derecho a defendernos”, es el mantra que los espíritus sensibles enarbolan a modo de bandera para descalificar, demonizar e insultar a quienes no comulguen con esa rueda de molino. Son lamentables los esfuerzos que hacen esos espíritus sensibles y sus palmeros para acallar un debate necesario sobre esta inmigración ilegal, sobre esos asaltos a nuestro país, al grito de ¡racista!, ¡xenófobo! Sus argumentos son los que siempre manejan los sectarios, los intolerantes con las ideas de los demás, los que se niegan a que el disidente con este estado de la cuestión se manifieste y argumente. ¡Es un racista!, ¡es un xenófobo!, ¡es un fascista!, ¡es un nazi!, y demás alegrías para el cuerpo de esos espíritus sensibles. ¡Ah!, y si el interfecto sigue obstinado en denunciar esas avalanchas, esos saltos a la valla, con violencia o no, que se ande con cuidado que el 150 del CP se balancea peligrosamente sobre su cabeza, como si de una espada de Damocles se tratara. ¡Faltaría más! Además, ¿cómo es posible que se permita escribir tales ideas disolventes en un periódico? ¿Cómo se puede decir que esas hordas de africanos ha saltado la valla de Melilla, agrediendo con piedras y palos a las Fuerzas del Orden? Eso es fascismo, eso es xenofobia, racismo, eso es odio al diferente.
¿Cómo se puede escribir que tales comportamientos constituyen actos de barbarie? ¡No, hombre, no! El inmigrante es bueno por definición, los malos son los miembros de las Fuerzas del Orden que se interponen en su camino para tratar de que no entren en territorio español, que cumplen con su obligación, que no es otra que defender el suelo español de esas invasiones tercermundistas. ¡Ah!, y esos espíritus sensibles se conduelen hasta lo más hondo con el buen inmigrante que trata de saltar la valla, sin embargo, ni una palabra de piedad, de dolor, de compasión, por ese miembro de las Fuerzas del Orden que ha sido agredido y enviado al hospital. En esos casos, esos espíritus sensibles no están ni se les espera. Hacen mutis por el foro del escenario. Ese guardia civil herido no es su problema, su problema es el buen inmigrante. Sin embargo, cuando los ciudadanos españoles se manifiestan violentamente a las puertas del Parlamento o en el Gamonal burgalés, entonces, no hay inconveniente, nadie se la coge con papel de fumar, en calificar a esos ciudadanos de vándalos y de bárbaros. No me han llegado noticias de que esos espíritus sensibles se hayan manifestado de alguna forma para ‘denunciar’ que esos ciudadanos españoles han sido calificados de vándalos y de bárbaros. Pero, eso sí, si usted califica de vándalos o de bárbaros a esa horda de africanos que salta una y otra vez la valla de Melilla, con violencia o no, entonces, los espíritus sensibles se remueven inquietos y salen a la palestra a denunciarlo. ¿A qué se debe ese sectarismo? Dígamelo usted, señor Basurco.
Asimismo, esos espíritus sensibles se sienten ofendidos porque alguien manifieste su hartazgo de estas invasiones de africanos. También, esos espíritus se sienten ofendidos en lo más hondo cuando se apela al orgullo de sentirse europeo y español. ¡Cómo es posible escribir tal cosa! ¡Orgulloso de sentirse español! ¡Pero si eso es fascismo!, ¡eso es reaccionario!, ¡eso es de extrema derecha! Pero, claro, cuando los negros defienden su identidad se le llama orgullo; cuando los musulmanes defienden su identidad se le llama cultura; cuando los asiáticos defienden su identidad se le llama tradición; cuando los judíos defienden su identidad se le llama historia; pero cuando los europeos defienden su identidad se le llama racismo. He ahí el doble rasero para medir los comportamientos de unos y de otros. Aquí se les ve la oreja de endófobos y de etnomasoquistas a esos espíritus, tan sensibles ellos. Asimismo, esos espíritus ultrasensibles se suben por las paredes cuando se escribe que estas invasiones están dando lugar a la africanización y a la islamización de Europa. ¡Cómo es posible que se escriba tal sandez!, gritan esos espíritus. ¡Qué caro sale escribir de oídas o al dictado del sectarismo y de la demagogia! O de la necedad. Ya lo dejó escrito Cicerón a este respecto: “La necedad es la madre de todos los males”. A esos espíritus, sensibles pero tal vez ignaros, les vendrá de perlas leer un par de libros. Uno de ellos es La revolución europea. Cómo el islam ha cambiado el viejo continente, de Christopher Caldwell (ed. Debate); el otro es de alguien que en modo alguno podría pasar por franquista, reaccionaria o de extrema derecha. Se trata del libro de Pilar Rahola La república islámica de España (ed. RBA).
Finalmente, esos espíritus, tan sensibles y tan sectarios y demagogos, son también aliados y lacayos de los que se vale el Sistema para intentar silenciar y amenazar a quienes, haciendo uso de la libertad de expresión,  tratan de alertar del peligro que supone para las sociedades europeas (y española, claro) estas avalanchas tercermundistas. Testimonios de ese peligro hay por doquier. Y es temerario y repugnante en grado sumo ocultar a la ciudadanía el peligro que corre su país. Quien tiene opiniones tiene enemigos. ¿Verdad, señor Basurco?

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