Mi padre, como tenor aficionado que era, perteneció a La Farándula en su parte lírica aunque también cuando hacía falta, hacía sus pinitos en el teatro integrándose completamente en este elenco artístico que tan popular fue en nuestra ciudad. Creo haber agradecido oportunamente a Ricardo Lacasa quien, siempre que se ha referido a La Farándula en sus documentados escritos ha tenido la delicadeza de mencionar, entre todos los integrantes del grupo, el nombre de mi padre.
El hecho de que recientemente se haya rememorado la vida profesional de D. Ángel García Ruiz, que tanto hizo por la cultura musical en esta ciudad en todos sus aspectos, ha traído recuerdos de mi infancia cuando mi padre solía llevarme al Conservatorio Oficial de Música donde tenían lugar los ensayos de las actuaciones que La Farándula organizaba.
En cierta ocasión en que se iba a representar la zarzuela El puñado de rosas, del maestro Ruperto Chapí, bajo la estricta batuta de D. Ángel, asistí a uno de los ensayos como de costumbre, acompañado por mi padre, quien ya estaba retirado de sus actividades artísticas pero que, dado su afición, no terminaba de desconectarse del todo.
Como quiera que el coro estaba formado por miembros de la Banda de La Legión, de la cual D. Ángel era el Jefe, ocurría a veces que desafinaban o entraban a destiempo y eso le ponía un poco de los nervios. Interrumpía el ensayo para llamarles la atención, amablemente por supuesto, recordándoles que ellos eran profesionales de la música con conocimiento suficiente de solfeo para cometer tales errores. En mi humilde opinión, creo que aquella generación era más culta en lo que respecta a la música ya que, al no existir un medio tan popular como la televisión, la gente vivía más de cerca los espectáculos musicales. El género chico, como se conocía a la zarzuela, se llevaba la palma.





