La valla volvió a ser escenario, ayer, de un nuevo intento de entrada de inmigrantes. Adultos y menores que buscaban la manera de llegar a España y lo hicieron eligiendo una de las vías más dramáticas: cruzar las concertinas que matan, aunque nuestro beato ministro de Interior siga negando la existencia de esa sangre. Qué incongruencia don Jorge: capaz de arrodillarse ante la sangre que no ve pero en la que cree, mientras niega la que mana de unos hombres a los que rebautizamos como ‘ilegales’.
Es duro ver a esas personas sobre la valla, pidiendo ayuda, sosteniéndose sobre alambres. Igual de duro es ver cómo, tras horas encaramados, son obligados a bajar. Y más aún cuando, sin poder siquiera andar porque no tienen fuerzas, son detenidos por decenas de mejanis a palo limpio. ¿Por qué?, ¿es necesario golpear por detrás a un inmigrante que casi no se tiene en pie, que ya lo ha perdido todo, para que se desplome?, ¿es necesario seguir pegándole mientras otros le llevan a rastras? Financiamos a un país para que detenga a inmigrantes, ¿también para que, sin necesidad alguna, les golpee?
Yo tengo clara mi postura. No soy una Carmena de la vida pero tampoco una persona que defienda los derechos humanos solo sobre el papel. No debe ser no. Sin medias tintas. No puede aceptarse como normal que se golpee delante de nuestras narices a personas indefensas y consideremos que eso es lo correcto. ¿Salimos a la calle para protestar contra las injusticias y callamos esto? Vivimos en una sociedad tóxica, narcotizada por un poder que tiene la poca vergüenza de enviarnos una nota de prensa preñada de calificativos como ‘asalto’, ‘invasión’ y demás términos buscando que la sociedad se asuste y se duerma en una maraña de confusiones provocada.
No podemos consentir como normal la violencia gratuita, no deberíamos hacerlo. Hay unas normas, unas leyes y unas fronteras; pero también hay unos derechos humanos, unos límites que respetar, extremos que nunca deben burlarse.
No. No me vengan con discursos sobre la protección, sobre lo que puede pasar si Marruecos mira hacia otro lado. Son discursos basados en el miedo, manejados de manera tan inteligente como indecente por el Gobierno para que la población se asuste, tenga temor y entonces vea como normal las agresiones injustificadas, las detenciones violentas, las vejaciones en nuestro propio territorio. Piensen ustedes libremente y opinen como tal, pero tengan por delante siempre sus valores, su moral, su corazón sin excepciones, sin medias tintas, sin las mentiras del negocio del poder. No es no.





