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“Si apartamos la religión nos vamos a empobrecer profundamente”

Por Redacción
22/07/2014 - 10:09

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El ceutí Emilio Rodríguez ha sido nombrado vicario episcopal para la Celebración de la Fe de la Diócesis de Huelva. Es conocida su labor en la prisión onubense

El agustino Emilio Rodríguez Claudio ha sido nombrado vicario episcopal para la Celebración de la Fe de la Diócesis de Huelva, un nombramiento que firmó el pasado día 16 el obispo de esta ciudad, José Vilaplana Blasco. En una entrevista concedida a El Faro mientras disfruta de sus vacaciones en Ceuta, su tierra, hace un recorrido por su vida sacerdotal en la que ha podido vivir experiencias inolvidables como su estancia en Argentina o su labor en el Centro Penitenciario de Huelva, donde asiste espiritualmente a los internos, un trabajo que tiene una gran carga de solidaridad.
–Acaba de ser nombrado vicario episcopal para la Celebración de la Fe de la Diócesis de Huelva. Supongo que será una gran responsabilidad para usted...
–Es una responsabilidad y una alegría que el obispo se haya acordado de mí sin ser sacerdote diocesano de la Diócesis de Huelva. Soy religioso, agustino y llevo trabajando 18 años en Huelva. También es una sorpresa porque nunca pensé que el señor obispo pudiese pensar en mí para una responsabilidad de este tipo.
–¿Cuáles son las labores que conlleva este cargo?
–Este cargo se encarga fundamentalmente de todo el tema de liturgia, celebraciones, asociaciones eucarísticas, la renovación carismática, la responsabilidad de ecumenismo y la relación con las distintas iglesias. Eso, por un lado, sería la Delegación para la Litúrgica. Y por otro lado, la responsabilidad de hermandades y cofradías, que es, sin lugar a dudas, la que tiene el mayor peso en la Vicaría. Huelva es una provincia que tiene muchísimas hermandades de penitencia y de gloria, y además hermandades de muchísimo peso, como por ejemplo la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Almonte. Esa va a ser mi responsabilidad durante el tiempo que el obispo crea conveniente.
–Es una labor para alguien con don de gente debido a que el colectivo cofrade es muy numeroso...
–Es un colectivo numeroso, está muy vinculado a la Iglesia y tiene también una problemática muy particular y un caminar muy particular dentro de la Iglesia. Yo tengo una muy buena relación con las hermandades de Huelva, de la ciudad y de la provincia, y el señor obispo pensó que podía ser la persona adecuada para llevar a cabo este encargo. Al principio me da un poco de miedo pero estoy dispuesto a servir a la Iglesia donde haga falta, como he hecho a lo largo de mis 30 años de sacerdote.
–Usted completó estudios filosóficos. Hay quien dice que la filosofía y la religión son polos opuestos...
–En absoluto, los grandes filósofos de la historia han sido prácticamente religiosos, los doctores de la Iglesia, Agustín o Tomás de Aquino... En absoluto, al contrario, son dos realidades que están muy vinculadas y muy cercanas, profundamente cercanas.
–Ha estado destinado en Argentina, ¿cómo se vive allí el cristianismo?
–La fe en América se vive de una manera completamente distinta a Europa. Es una religiosidad mucho más sensible, mucho más de piel, mucho más vivida y participativa. Aquí somos mucho más fríos a la hora de vivir la fe, y allí se vive con una intensa sensibilidad, no sé si con más profundidad o no, pero sí con mucha más sensibilidad y está mucho más presente en la vida de la sociedad. Imagino que, como todo, habrá evolucionado también. Hace casi 20 años que volví pero en aquel momento era así.
–¿Qué le ha aportado esta experiencia?
–Una apertura de miras impresionante. Salir de tu lugar de origen, de tu ciudad y de tu ambiente te ayuda muchísimo. Me gustó mucho la cercanía de la gente, el Americano normalmente es una persona muy abierta, muy cercana y que te acoge muy bien, y eso lo contagia. Piensas que vas a dar, como el misionero que va, y recibes muchísimo. Te ayuda sobre todo a estar cerca de la gente. Cuando uno vuelve a esta Europa nuestra, mucho más fría y con la gente mucho más lejos e individualista, la experiencia te ayuda también a acercarte a ella y a sus problemas, y te da una visión mucho más amplia del mundo y de la sociedad en que nos toca vivir. Después de pasar por estos lugares ahora entiende uno mejor la situación del mundo, las circunstancias que vive y está uno mucho más abierto a la realidad.
–También ha asistido espiritualmente a internos del Centro Penitenciario de Huelva, otra experiencia bonita...
–Muy bonita, muy interesante y muy dolorosa. Yo le digo a la gente que trabaja conmigo cuando empieza que la cárcel es un lugar de pobreza, y si hay un lugar donde hay pobres, no sólo materialmente hablando, es en la cárcel. Ahí los aparcamos porque han cometido un delito, porque tienen que purgar su pena, y prácticamente la sociedad se olvida de ellos. Y es un trabajo realmente confortante para el que va. Lo que le decía antes: vengo a traer y me llevo muchísimo cuando estoy con ellos. Gente a la que le falta muchísimo cariño y afecto y con un gesto pequeñito, un detalle pequeño que tienes con ellos, pues lo agradecen como jamás te lo van a agradecer fuera. Están solos, tienen mil y un problemas ya que no sólo tienen el de estar privados de la libertad sino que vienen con un saco de experiencias negativas y de problemas impresionante. Compartes con ellos y eres, de alguna manera, el lado bueno de la historia. Cuando hablo con los funcionarios se lo digo siempre: siento que la pastoral, el cura y los voluntarios somos el lado bueno de la película porque somos los que vamos a compartir con ellos y a estar con ellos, y no nos tenemos que ocupar ni del orden ni de la disciplina ni de nada de eso. Creo que es una labor importantísima la que se hace no sólo en la cárcel de Huelva sino en todos los centros penitenciarios de España.
–¿Puede compartir alguna anécdota curiosa?
–Tengo una muy curiosa de una antigua secretaria general que venía casi dispuesta a acabar con la presencia de la Iglesia en la cárcel y luego decía que la habíamos convertido (risas). No la habíamos convertido a la fe pero había visto el trabajo que se hacía desde Pastoral Penitenciaria en todos los centros de España y estaba realmente impresionada por todo lo que se hace. Somos un equipo muy grande, nos ayudamos mucho de unos centros a otros y tenemos mucha relación. Luego, en cada centro, el equipo está muy bien conformado y trabajado desde hace muchos años. Desde que prácticamente desaparecieron los capellanes funcionarios en cada diócesis se ha venido creando no sólo la figura del capellán sino la del secretariado, que aporta toda esa riqueza... Gente que viene de distintas parroquias y movimientos y los capellanes los acompañamos, estamos con ellos, celebramos la liturgia, compartimos sus problemas y hacemos talleres y distintas actividades. Antes de venir hemos terminado un campo de trabajo con un grupo de voluntarios de una fundación que tenemos los Agustinos en Madrid, han traído distintos talleres y a lo largo de diez días los han estado compartiendo con ellos. También hemos traído a un grupo de teatro que ha hecho dos representaciones. Se hacen muchísimas cosas.
–¿Por qué es importante abrir las puertas de la prisión a la Iglesia?
–Es importante, a la Iglesia y a la sociedad. El preso está dentro y está penado y está purgando por lo que ha hecho y yo creo que muchas veces, y eso nos ha pasado a todos, pensamos que está ahí porque se lo merece. Bien, sí, se lo merece, pero hay que ver las circunstancias que rodea a cada uno, por qué ha hecho lo que ha hecho y por qué está ahí. Entonces necesitamos estar presentes. Nadie está libre, ya el colegio lo hemos dejado y no vamos a volver, pero a la cárcel y al hospital podemos entrar todos. Creo que es importante desde esa visión de solidaridad. Hoy queremos apartar todo lo malo: las cárceles se hacen lejos de las ciudades, los hospitales y los cementerios también... Y toda esa cultura del dolor, del sufrimiento y de la muerte parece que nos molesta, nos gusta otra cosa, y lo apartamos, y es una realidad que está ahí y forma parte de la sociedad. Los antiguos lo entendían mejor: la cárcel estaba prácticamente en el centro o cerca de la ciudad, al igual que el cementerio y el hospital, y hoy no. El Papa habla mucho de ‘la sociedad del descarte’, esto en América se entiende muy bien.
–¿Del descarte?
–Sí, de todo lo descartable. Todo lo que hace daño a lo que consideramos belleza y alegría lo apartamos. Y hace falta estar presente. La sociedad está presente hasta donde puede... Nosotros trabajamos en la Pastoral Penitenciaria, infinidad de asociaciones que entran y trabajan también en la cárcel y con las que tenemos muchísima relación: Cruz Roja, Proyecto Hombre, Comité Antisida, otras iglesias cristianas que participan y tienen su actividad, hay ayuntamientos que colaboran con talleres y voluntarios... Hay una presencia de la sociedad que creo que es importante. Son personas y hay gente que se ha equivocado y están penando y purgando por lo que hicieron pero tampoco los podemos señalar. Se habla mucho de reinserción y sin la ayuda de la sociedad en la cárcel no se reinserta absolutamente a nadie.
–¿Cómo viven los internos la fe?
–Pues como en la calle, exactamente igual, de mil maneras. Sí es cierto que se acercan un poquito más.
–¿Es cierto que cuando hay problemas la gente abraza más la religión?
–Efectivamente, lo que sí es verdad es que hay gente que viene sin conocimiento alguno: hay gente que no se ha bautizado y no ha tenido relación alguna con la vida de la fe o de la Iglesia y otra que sí la ha tenido. Se acercan con mucha confianza al sacerdote, preguntan, están muy interesados, sobre todo, en temas bíblicos. Les gusta compartir con nosotros las actividades. Allí todo es voluntario, el que quiere viene y el que no quiere no, y no tengo establecida una catequesis sistematizada porque es imposible ya que hoy vienen diez, mañana de estos vienen ocho y pasado vienen cuarenta que no han venido antes... Pero sí una presencia permanente durante toda la semana para escucharlos y compartir con ellos. Algunos se acercan a la Eucaristía que tenemos los fines de semana y otros no. Eso no nos importa en absoluto y atendemos a todo el que se acerca a nosotros.
–¿Va a continuar haciendo su labor en la prisión después del nombramiento?
–Sí, lo primero que le dije al señor obispo es que quiero seguir. Él me dijo que no quería que dejara la Pastoral Penitenciaria, así que seguiré. Es parte ya de mi vida y me costaría muchísimo trabajo dejarlo. Si me mandan a otro sitio sé que tengo que estar disponible pero mientras pueda ahí voy a estar.
–¿Se siente afortunado por estar viviendo estas experiencias?
–Sí, estas experiencias me han aportado mucho. Ahora he hecho treinta años de ordenación sacerdotal y me siento profundamente afortunado. Si volviera a nacer firmaba por vivir lo que he vivido a lo largo de estos años.
–Ahora que se está debatiendo mucho sobre las religiones y su validez, me gustaría que me ofreciera una reflexión sobre para qué sirve y en qué puede ayudar a las personas.
–Ahora escuchamos mucho de que las religiones han sido la causa de todas las guerras y los enfrentamientos entre los hombres... La religión sirve fundamentalmente para unir y, por supuesto, es la comunicación del hombre con Dios para los que creemos, pero es también el encuentro entre los hermanos, crean en una cosa o en otra. Creo que es un elemento fundamental en la vida de la sociedad. Es cierto que hoy se la quiere apartar y llevarla a lo estrictamente personal, pero creo que la presencia de la religión en la sociedad del siglo XXI es fundamental, con todo su mensaje, desde la libertad, desde el encuentro no sólo con otras religiones sino también con otras filosofías y otras maneras  de ver la vida, pero es un elemento fundamental. Y sobre todo en occidente es parte y base de nuestra cultura y nuestra sociedad. Si la queremos apartar nos vamos a empobrecer profundamente.
–¿Piensa volver a Ceuta en algún momento?
–Pues no sé... Sabe que los Agustinos tenemos un colegio, parroquia, la Iglesia de San Francisco, y no me importaría en absoluto, pero yo he profesado en la Orden de San Agustín y tengo que ocuparme y estar donde mis superiores crean más necesario. Tenemos que estar disponibles porque tenemos tarea en muchos sitios, en España y en el resto del mundo, pero a mí no me importaría, en absoluto, volver a mi tierra y compartir todo lo que tenemos aquí con la gente de Ceuta.

Una vida sacerdotal muy intensa y cargada de grandes experiencias

Emilio Rodríguez nació en Ceuta en el año 1960 y a los 17, cuando terminó el COU, se marchó al seminario de los Agustinos en el Monasterio de Santa María de La Vid, en Burgos, a hacer el noviciado. Allí también hizo sus estudios filosóficos y de ahí pasó al Centro Teológico de Tagaste, donde realizó los estudios teológicos. En el año 1984 se ordenó sacerdote y le destinaron a Argentina, donde estuvo un total de once años en una misión de los Agustinos en la cordillera de los Andes, en la Prelatura de Cafayate. Allí ejerció numerosas funciones, entre ellas las de párroco y director del colegio parroquial. En Argentina también estudió Pedagogía. Al volver a España, regresó al sitio donde había empezado su vida religiosa, al Monasterio de la Vid, como administrador, y finalmente recaló en el Centro Penitenciario de Huelva. Rodríguez ya tenía experiencia en este ámbito ya que durante el tiempo que estuvo destinado en Argentina había sustituido al capellán de la penitenciaría en varias ocasiones. Llegó a Huelva junto a un compañero y el obispo les entregó, además de la capellanía de la prisión, una parroquia, que a lo largo del tiempo se ha convertido en tres, que están atendidas por cuatro religiosos, que también se encargan de la Pastoral Penitenciaria. En la actualidad continúa en Huelva.

Estuvo nominado a los Premios Onubenses del Año en Solidaridad

Este ceutí estuvo nominado a los premios Onubenses del Año 2014 en la categoría ‘Solidaridad y valores humanos’, convocado por el diario Huelva Información. Finalmente ganó la Asociación Onubense de Cáncer de Mama Santa Águeda, aunque con esta nominación se ha reconocido la labor de Rodríguez. “Es de agradecer que no siendo onubense, aunque llevo mucho tiempo en Huelva, se hayan acordado de mí. Estuve nominado junto a grandes instituciones y realmente dice uno quién soy yo al lado de esta gente que hace una tarea tan importante”, manifestó en la entrevista concedida a este medio. Agradece la nominación y el reconocimiento a su labor, que asegura que no es sólo suya, sino también de todos los voluntarios y capellanes que realizan este importante trabajo.

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