Cultura ha tomando cartas en el asunto. Demasiados retrasos, con los consiguientes sonidos, ruidos y molestias que estos provocan en los artistas y en el resto del público. De tal manera, la Consejería ha puesto en marcha un nuevo sistema en aras de asegurar la puntualidad (y el respeto por todos) en todas y cada una de las funciones que se programen en el Teatro Auditorio del Revellín, un mecanismo que se siguió y se cumplió el pasado viernes noche por vez primera con motivo de la representación de El médico de su honra, de Calderón de la Barca, a cargo de la compañía Teatro Corsario.
En concreto, la medida adoptada por Cultura se resume en que el acceso al Teatro Auditorio del Revellín los días de espectáculo se cerrará cinco minutos antes de que comience la función.
En este sentido, Cultura explica que la decisión se debe a cumplir “con la intención de que todas las personas estén en sus respectivas localidades en el momento de empezar el espectáculo para, así, procurar el mayor respeto a quienes actúan y a quienes son puntuales”.
Programada para las 21:00 horas, El médico de su honra vino precedida de tres ‘toques de cornetas’: porque un timbre avisó del inicio de la función quince minutos antes de que empezara. Ese sonido se volvió a escuchar cuando sólo restaban diez minutos para que se abriera el telón. Por tercera vez, ese timbre sonó cinco minutos antes de que diera comienzo el espectáculo y, en ese preciso momento, se cerró la puerta de acceso al Teatro y sólo pudieron acceder al palco y patio de butacas quienes ya se encontraban en el interior del edificio.
Asimismo, es preciso señalar que desde que diera comienzo la temporada cultural, allá por el mes de septiembre, tras un verano en el que los actos culturales de la Ciudad se desarrollan al aire libre (véase Murallas Reales) el Teatro, por directriz de la Consejería y disposición de la plantilla de trabajadores que operan en el mismo, había dado rotundos pasos para garantizar el respeto de todas las partes implicadas durante un espectáculo.
Así, los mensajes, bien escritos en cartelerías, bien radiados por altavoz, se intensificaron:apagar móviles antes de la función; prohibido comer dentro; guardar silencio. O sea, educación y civismo.






