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Cerca de 600 inmigrantes malviven al otro lado de la valla, en los montes y viviendas del barrio tangerino de Boukhalef. Esta semana se ha repartido ayuda humanitaria
La tragedia de la inmigración asoma ante nosotros, un poco más allá de la valla, en donde hombres, mujeres y niños malviven y se mantienen con la única ilusión de llegar a Europa. De hacerlo como sea. En ello invierten toda su vida, para ello ahorran lo máximo con tal de conseguir el precio requerido para una fuga que puede ser mortal.
Esta semana, los cerca de 600 inmigrantes que viven en campamentos del bosque y en viviendas del barrio tangerino de Boukhalef, recordado por los graves disturbios ocurridos hace más de un año que se saldaron con varios subsaharianos muertos, han recibido la ayuda humanitaria recogida por Podemos Migraciones Ceuta, con apoyo de amigos llegados de la península, en concreto de Cádiz y de Ávila. Cruzaron al otro lado cargados de material, sobre todo ropa con la que pasar un invierno duro, que fue repartida entre aquellos que agradecen todo porque no tienen nada.
La situación en el bosque es complicada. En los últimos días se han producido batidas, les han identificado e incluso han entrado con grúas en los campamentos de tiendas para derribarlas. Solo algunas se han mantenido en pie porque han sido recuperadas por sus ocupantes. “La situación es penosa, desastrosa, es una tragedia”, expone Reduan Mohamed Jalid, de Podemos Migraciones Ceuta. El reparto del material será coordinado por los jefes de las distintas comunidades que viven en el bosque; las mujeres, que residen en su mayoría en el barrio, han recibido ropa para ellas donada por ciudadanos de Ceuta y de la península. Los accesos al campamento son complicados, asomando completamente embarrados. Para los propios inmigrantes resulta complicado vivir así.
Si la situación es catastrófica, más aún son las historias de estas personas. Entre el grueso de mujeres que confía en cruzar al otro lado destaca el relato de una, que perdió hace poco a su hermana. Había montado en una patera junto a su bebé. Ella murió ahogada cuando aún estaban en aguas marroquíes, su bebé fue recuperado por unos pescadores. La familia del niño intenta recuperarlo, quieren tenerlo pero la Policía marroquí ni les responde ni informa de dónde está ese niño. Para ellos estos inmigrantes no son nada, son invisibles, personas sin derecho, sin tan siquiera el derecho a reclamar a un familiar que pueda frenar el dolor por la pérdida del ser querido. Es un drama como muchos otros gestado entre las fronteras, que puede que a muy pocos importe, pero al menos que lo haga a un puñado de personas solidarias ya es bastante.






