La dependienta activó la persiana automática del quiosco para evitar que le robaran.
Los propietarios del estanco situado en la avenida Capitán Claudio Vázquez se declararon ayer “afortunados” porque, hasta ahora, nunca sufrieron un intento de atraco “a pesar de que, cada día, las cosas están peor” y porque la tentativa de ayer fue en vano. Unas horas antes, en el mismo quiosco, dos encapuchados exigieron a la estanquera de Los Rosales que les entregara el dinero que contenía la caja.
El incidente tuvo lugar ayer sobre las 17.20 horas cuando la barriada estaba desierta, momento que los individuos aprovecharon para ejecutar un plan que finalmente resultó inútil porque no pudieron llevarse la recaudación del día.
De repente, dos figuras que subían las escaleras que comunican Claudio Vázquez con las viviendas de la barriada, se pararon en la ventanilla del quiosco. Cuál fue su sorpresa, recordaba ayer la tendera, al comprobar que ambos individuos ocultaban sus rostros con diversas prendas, describió. Para llevarse el botín, los ladrones arrojaron una mochila a la mujer, que se encontraba en el interior del establecimiento trabajando.
Al mismo tiempo, los individuos amenazaban a la tendera con una pistola y un cuchillo, según el testimonio de la víctima, con el fin de que cumpliera sus órdenes. Los hombres, por el timbre de sus voces, señaló, dieron la espalda a la venta del quiosco, probablemente, porque vigilaban si había presencia policial mientras cometían el hurto.
La dependienta aprovechó que se encontraba fuera de la vista de los encapuchados para cerrar la puerta lateral del quiosco y activar el cierre automático de la persiana frontal, que comenzó a bajar hasta casi cubrir la apertura desde la que se despacha a los clientes, recordó ella misma escasas horas después del incidente. En ese momento, uno de los ladrones se percató de la maniobra de la mujer e introdujo sus brazos por la ventana de atención al público para agarrarla y presionarla hasta que elevara la persiana. “Se esforzaba por alcanzarme pero no podía y tiró todas las cajas que contienen las golosinas”, explicó la mujer, quien confesó que fue uno de los momentos más tensos de su vida. “No sé por qué actué así, me salió por instinto”, admitió la dependienta, quien pasó el resto de la tarde arropada por sus familiares en el quiosco. Finalmente, los ladrones se marcharon sin el dinero.
La estanquera optó por no telefonear a la Policía porque no ocurrió nada, indicó, pero aseguró que la situación en la zona se ha vuelto más conflictiva, afirmación con la que coincidieron los vecinos.






