Las organizaciones dedicadas a la captación de personas para la marcha a Siria funcionan como las puramente delictivas: disponen de sus captadores, de sus redes de falsificación de documentos (así pudo Nordin viajar al extranjero desde Marruecos) y de su propia financiación explotando el tráfico de vehículos, el de hachís e incluso los robos.
Algunos de esos captadores proceden del ámbito de la delincuencia más dura. Son familiares de pistoleros que han sido procesados y condenados por asesinatos, tienen vinculación con el movimiento del narcotráfico a gran escala o incluso han sido investigados por su relación con los desguaces ilegales en donde se desmontan los vehículos robados para su posterior introducción en el mercado. Los ‘sermones’ y las proclamas que lanzan en sus reuniones en las que mezclan una interpretación muy particular de la religión no esconden más que los intereses de unos grupos introducidos en una radicalismo que bebe de la propia delincuencia. Incoherente pero real, así funcionan quienes desde Marruecos y desde la propia Ceuta están controlando estos movimientos.
En las mezquitas se hacen fuertes los frentes que se rebelan ante el intento de control de radicales. Ya se han producido intentos de entrada en los templos, protagonizados por los cabeza visibles de este movimiento radical, que se han topado con vecinos que se oponen, ¿pero hasta cuándo? Esos individuos saben perfectamente cómo hacer calar los mensajes radicales entre un sector de la juventud, sustentándolos en, por ejemplo, el odio a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y las falsas y particulares interpretaciones que llevan a cabo sobre el racismo.
La captación de Nordin no ha hecho sino incrementar la gravedad en torno a una problemática ya demasiado enraizada.
Príncipe, Los Rosales y Benzú
Esta misma semana el propio delegado del Gobierno, Francisco Antonio González Pérez, se despachaba en torno al fenómeno del islamismo radical. Reconocía la preocupación en torno a este asunto y lamentaba que no se hubiera actuado con mayor contundencia años atrás. Entre las investigaciones que manejan los servicios de información se conoce de la existencia de reuniones de grupos en barriadas como el Príncipe, Los Rosales o Benzú, además de en viviendas del propio centro, en el corazón de Ceuta. El visionado de grabaciones por internet o la ‘invitación’ de marroquíes para dar charlas caracterizan este tipo de encuentros.






