La barriada del Príncipe Alfonso es una de las que más está notando la presencia de inmigrantes, prácticamente marroquíes, que entraron en Ceuta en las avalanchas de finales de julio.
El barrio ya no es el mismo, ha tenido que organizarse ante la invasión. Sus vecinos sufren en primera línea las consecuencias de una entrada masiva que ha terminado desfigurando sus calles.
Si ya arrastraban la losa de las etiquetas por ser del Príncipe, ahora sufren en primera persona la elevada presencia de varones que han ocupado todo: sus plazas, sus callejuelas, los portales...
Esa normalidad vendida por la clase política no ha llegado nunca a esta barriada en donde el abandono es su santo y seña. Un paseo por el Príncipe deja ver el deplorable estado en el que se encuentra, con jóvenes durmiendo sobre las aceras, plazas ocupadas y esquinas por donde salen de forma permanente pequeños grupos.
Los vecinos tienen miedo a dejar que sus niños jueguen solos, a que hagan vida en la calle como antes, a que disfruten del barrio. Todo eso se ha perdido. Y en un barrio tan poblado como el Príncipe el pesar es mayor.

“Lo estamos pasando muy mal, aquí no solucionan nada”
Hafida Mustafa habla con sinceridad del sentir del Príncipe. Su testimonio es compartido por muchos vecinos porque es la reflexión sincera que está pasando una barriada que antes de las avalanchas necesitaba de muchos apoyos y que, ahora, atraviesa una situación de extrema urgencia.
“Lo estamos pasando muy mal. A partir de las dos, tres… esto se llena porque todos los que están en Loma Colmenar suben para acá. Por la noche esto se llena. Y solución, no estamos viendo. Muchos policías para acá, para allá. Muchos militares con tanques, que parece que estamos en guerra…, pero aquí solución nada”, expresa Hafida.
Los reproches de esta vecina del Príncipe se dirigen a las dos administraciones, a la Ciudad y a la Delegación del Gobierno. “Estamos súper abandonados. Pero no solamente el barrio, sino todo. También Los Rosales, Hadú, el Morro...”.
La periferia se siente discriminada porque ve diferencias con el centro. Hafida expresa el sentir de los vecinos no solo del Príncipe, sino de otros puntos próximos. “Por qué nos han echado toda esta gente para acá. Si ve que esta gente, no hay nada para ellos, que les digan la verdad, que no les hablen de asilo político porque les dan esperanzas”, lamenta.
Los propios marroquíes no hacen más que hablar de asilo político. Es el efecto llamada para muchos, lo que les ha movido a cruzar la frontera.
“Estamos en sinvivir”
“Nosotros estamos en un sinvivir. Y ahora es verano, pero en invierno, ¿qué van a hacer? ¿Entrar a nuestras casas?”, se pregunta. Duermen en plazas, en calles, en soportales. Los vecinos se asoman a las ventanas de sus viviendas y los ven en grupo.
Generan una sensación de inseguridad, aunque por otro lado “somos humanos” y se reacciona con tristeza.
Los propios vecinos del Príncipe son los que se han coordinado para evitar enfrentamientos, los que han tenido que recuperar la seguridad perdida y apoyarse entre ellos para frenar robos o acosos. Ante la falta de Policía, son los que han tenido que autoprotegerse.
Hafida, como los demás vecinos, está molesta con la clase política. Y lo está porque no han actuado rápido ni con la celeridad. “Esperan que les hagamos nosotros el trabajo”, expresa.
Miedo por los niños
Los vecinos tienen miedo por sus hijos. Es un sentimiento de autoprotección que no evita el sentir lástima por marroquíes que deambulan y duermen por las calles que no buscan conflictos.
“En Semana Santa tenemos aquí las boinas verdes, las rojas… y helicópteros por el Medinaceli, cuando está más protegido por los ciudadanos de aquí, del Príncipe, que por ellos. Y ahora cuando necesitamos protección, ¿dónde están?”.
Los vecinos están decepcionados por el trato que reciben, apuntan a las dos administraciones, la de Pedro Sánchez y la de Juan Vivas.

“La gente está cansadita”: la voz del presidente de la barriada
Ahmed Endefal, el presidente de la barriada expresa ese malestar. “La gente está cansadita ya. Está cansadita y asqueada. Están diciendo que los gobiernos no están haciendo nada. Que han echado a todo el mundo solo para el Príncipe. Es decir, la periferia está súper llena, pero tú vas al centro y está todo vacío”.
“Nosotros, como asociación de vecinos, siempre hemos estado defendiendo los derechos de los menores, los derechos de la gente vulnerable. Pero hay cosas que ya son indefendibles. Hay cosas como las calles masificadas, los espacios de recreo y lúdicos están todos llenos. Los niños no pueden pasar tranquilamente por ningún lado”, confiesa frustrado.
En el Príncipe dan una comida al día, lo que evita que esas personas, con hambre, puedan cometer algún delito. En el local de vecinos se monta a diario una cadena de voluntarios y miembros de la asociación para repartir alimento a unas 400 personas.
“Nosotros les estamos dando de comer porque pensamos que una persona hambrienta puede hacer de todo y no queremos ni que delincan ni que tengan problemas. Lo que está en nuestras manos lo hacemos. Pero, claro, no podemos con todo, no podemos con todo porque eso es mucho”.
Gente durmiendo en la calle, sentada en los callejones…, “parece las ferias”
“Si te bajas por todas las calles de la barriada hay gente durmiendo en la calle, gente sentada en los callejones. Esto parece las calles de las ferias. Nosotros no somos ni racistas, ni queremos echar a nadie porque no somos ni autoridad ni nada”.
Hay miedo y Ahmed pone un ejemplo claro: “Por ejemplo, las niñas de la barriada no salen solas, salen con un hermano o con el padre. Los niños un poquito más, pero claro, cerquita de casa”.
El Príncipe ha tenido que buscar soluciones por sus propios medios, ha tenido que idear medidas de autoprotección ante la incapacidad de las administraciones para reaccionar.






Los primeros dias el príncipe reaccionó mejor que ningun otro lugar:palos y mas palos.luego pasaron a la comida, la ropa y la pena,ahí está el resultado.
Si los trataseis como vosotros sabéis tratar a la policía cuando entra en vuestro barrio las calles del príncipe estarían muy diferentes.
Darles apoyo logístico al invasor, es como mínimo colaboracionismo.
Vosotros les habéis y les dais de comer. Vosotros los amparáis.
¿Cuantos negros hay en la cola de la comida?
Que à la hora de la verdad se os ve el plumero “rasista”.
Es fácil, en el centro no les dan de comer asi que allí no van nada mas que a comprar. Dejad de darles de comer y veréis.
Luego haced manifestaciones para pedir seguridad, limpieza y que los bajen a otras zonas
Seguid con el efecto llamada
Si preguntas porqué están ahí, la respuesta es muy sencilla. Porque les dais de comer desde el primer día.
Y ahora piensa un poco, y no eches las culpas a los demás, sólo piensa un poquito.