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Cuando la luz queda oculta: una reflexión hindú sobre el eclipse solar

Por Juan Carlos Ramchandani
12/08/2026 - 18:59
Imagen cedida

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Este artículo estaba escrito y preparado antes de los graves acontecimientos que está atravesando Ceuta en estos días. Sin embargo, siendo esta la ciudad donde nací y donde vivo, me resultaría frívolo escribir sobre un eclipse, sobre la oscuridad y la luz, sin dedicar antes unas palabras a la
realidad que estamos viviendo.

Como ceutí que está viviendo estos acontecimientos en primera persona, no quiero suavizar con palabras lo que siento ni la preocupación que percibo a mi alrededor. Para muchos de nosotros, la magnitud de la entrada irregular de personas que está sufriendo nuestra ciudad se vive como una verdadera invasión y ha generado sentimientos de inseguridad, abandono e incertidumbre.

Son momentos muy difíciles para una ciudad pequeña, con un territorio y unos recursos limitados, que necesita respuestas, serenidad y responsabilidad.

Utilizo aquí la palabra «invasión» desde mi percepción personal como ciudadano que vive esta situación, no para deshumanizar a quienes llegan ni para convertir el sufrimiento humano en motivo de enfrentamiento.

Detrás de cada crisis existen personas y circunstancias diferentes. Pero reconocer esa humanidad tampoco debería impedirnos expresar con claridad la preocupación, el miedo o la sensación de abandono que pueden experimentar quienes ven profundamente alterada la vida cotidiana de su
ciudad.

Quizá por ello el simbolismo del eclipse adquiere para mí este año un significado especial. Durante un eclipse, la luz del Sol queda temporalmente oculta y, durante unos instantes, la sombra parece
imponerse. Sin embargo, el Sol no ha desaparecido. Continúa brillando detrás de la oscuridad.

Quiero pensar lo mismo de Ceuta. En estos momentos podemos sentirnos sumidos en una cierta oscuridad, marcada por la inseguridad, el abandono y la incertidumbre. Pero confío en que esa oscuridad sea transitoria. Ceuta ha atravesado momentos difíciles a lo largo de su historia y ha sabido seguir adelante. Espero que también ahora sepamos recuperar la seguridad, la
convivencia, la serenidad y la confianza que nuestra ciudad necesita.

Desde esa esperanza, y sin olvidar por un momento la realidad que nos rodea, quisiera compartir una reflexión sobre el significado que tradicionalmente tiene el eclipse solar dentro del hinduismo.

Más allá del fenómeno astronómico: el eclipse desde la mirada del hinduismo. El eclipse solar de este año ha despertado una enorme expectación en España. Millones de personas esperan contemplarlo y se han organizado actividades de observación y divulgación científica, mientras numerosos visitantes se desplazan hacia aquellos lugares desde los que el fenómeno podrá apreciarse mejor. Es comprensible: estamos ante un acontecimiento astronómico extraordinario y de una belleza difícil de describir.

Sin embargo, el hinduismo contempla tradicionalmente los eclipses desde una perspectiva diferente. Esto no significa negar su explicación astronómica ni rechazar el conocimiento científico. La astronomía nos explica cómo y por qué se produce un eclipse; la tradición religiosa se pregunta también qué significado espiritual y ritual puede tener ese momento. Son dimensiones distintas que no necesitan entrar en conflicto.

En la tradición hindú, un eclipse solar, conocido como Surya Grahana, se considera un periodo espiritualmente significativo, aunque ritualmente poco auspicioso. Esto no debe entenderse desde el miedo o el fatalismo.

Por el contrario, tradicionalmente se considera un momento especial para el recogimiento, la oración, la meditación, la introspección y la recitación de mantras.

Mientras buena parte de la sociedad contemporánea dirige durante estas horas su mirada hacia el cielo para contemplar el eclipse, millones de hindúes prefieren dirigir la mirada hacia su interior. No necesariamente por temor al fenómeno, sino porque la tradición entiende que existen
determinados momentos en los que la propia naturaleza nos invita a
detenernos.

Durante el eclipse, los templos hindúes permanecen cerrados y el culto habitual se interrumpe temporalmente. Tradicionalmente también se evita cocinar y comer desde el comienzo hasta la finalización del fenómeno, pues este periodo no se considera apropiado para la preparación o el
consumo de alimentos.

Una vez finalizado el eclipse, es habitual realizar un baño de purificación y, dependiendo de cada tradición, limpiar los altares domésticos y los espacios de culto antes de reanudar las actividades religiosas habituales.

Son costumbres antiguas que forman parte de una determinada concepción de la pureza ritual y de la relación entre el ser humano, la naturaleza y lo sagrado.

Pero existe otro aspecto que considero especialmente hermoso: aquello que ritualmente se considera poco auspicioso puede convertirse, al mismo tiempo, en una extraordinaria oportunidad para la práctica espiritual.

Durante un eclipse, muchos hindúes dedican ese periodo al japa —la repetición meditativa de un mantra o del nombre de la Divinidad—, a la meditación, la oración y el recuerdo de Dios. De esta manera, un fenómeno que invita a suspender temporalmente determinadas actividades cotidianas
se transforma en una oportunidad para el silencio, la introspección y una
mayor concentración espiritual.

Por tanto, la actitud tradicional del hinduismo ante un eclipse no debería entenderse como una actitud de temor. Es, más bien, una actitud de respeto, recogimiento y conciencia espiritual. Durante unas horas se reducen las actividades ordinarias y se dirige la atención hacia aquello que
normalmente queda oculto bajo el ruido de nuestra vida cotidiana.

Como sacerdote hindú, considero también importante recordar que las tradiciones deben vivirse con conocimiento y discernimiento, no desde el miedo ni desde una interpretación rígida. Mi opinión personal es que estas observancias deben respetarse y seguirse con sinceridad, pero teniendo siempre presentes el tiempo, el lugar y las circunstancias personales. No
todas las personas viven en las mismas condiciones ni pueden observar las
tradiciones de idéntica manera.

La práctica religiosa nunca debería convertirse en una fuente de angustia, temor o superstición. Las observancias externas tienen su valor y su significado, pero no debemos perder de vista aquello hacia lo que apuntan: la fe, la devoción, el recuerdo de la Divinidad y la transformación interior.

Desde mi propia tradición vaishnava, mantengo mi confianza en Srima Narayana como refugio y protector, respetando al mismo tiempo las diferentes formas en que las diversas tradiciones del Sanatana Dharma comprenden y se relacionan con la Divinidad. Más allá de nuestras
diferencias filosóficas o rituales, el eclipse puede recordarnos algo profundamente humano: ninguna oscuridad permanece para siempre.

Y quizá ahí se encuentren nuevamente el eclipse que contemplamos en el
cielo y la situación que vivimos hoy en Ceuta.

Un eclipse nos recuerda que incluso aquello que nos proporciona luz puede quedar temporalmente oculto. Pero ocultar la luz no significa destruirla. El Sol continúa brillando detrás de la sombra y, llegado el momento, vuelve a manifestarse.

Deseo profundamente que suceda lo mismo con mi ciudad. Que la sombra que hoy atraviesa Ceuta sea, como la de un eclipse, solamente pasajera; que vuelvan la serenidad, la seguridad y la confianza, y que nunca perdamos aquello que durante generaciones ha caracterizado a nuestra tierra: su capacidad para levantarse, convivir y seguir adelante.

Como ceutí y español, termino estas líneas diciendo desde el corazón: ¡Viva Ceuta! ¡Viva España!
Y como hindú, hago mía una de las oraciones más hermosas y universales de las Upanishad:
Tamaso Ma Jyotir Gamaya «Condúceme de la oscuridad a la luz.» Brihadaranyaka Upanishad 1.3.28

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