Las sucesivas noches de calor y humedad que está registrando Ceuta, con jornadas de temperaturas altas y noches tropicales, no solo dificultan el descanso de los ciudadanos, sino que aumenta el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares y neurológicos.
La falta de descanso por las noches debido a las altas temperaturas altera los mecanismos de regulación de la temperatura corporal, favorece la fatiga y aumenta la carga sobre el corazón, que debe trabajar más para mantener el flujo sanguíneo y disipar el calor.
Qué ocurre con la sangre
Cuando hace mucho calor, el organismo pierde agua a través del sudor. Si esa pérdida de líquidos no se compensa con una hidratación adecuada, disminuye el volumen de sangre que circula por el cuerpo.
Como consecuencia, la sangre se vuelve más concentrada y viscosa, lo que dificulta su circulación y obliga al corazón a realizar un mayor esfuerzo para bombearla. Esta situación puede favorecer la formación de coágulos y aumentar el riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares como infartos o accidentes cerebrovasculares, especialmente en personas vulnerables.
Además, el calor provoca la dilatación de los vasos sanguíneos para facilitar la pérdida de temperatura. En algunas personas, este mecanismo puede traducirse en bajadas de tensión, mareos o desmayos, sobre todo si permanecen mucho tiempo de pie o realizan esfuerzos físicos en las horas centrales del día.
El cerebro también sufre
El cerebro es otro de los órganos que más acusa las olas de calor. La deshidratación y la disminución del flujo sanguíneo pueden afectar al rendimiento cognitivo, provocando falta de concentración, confusión, dolores de cabeza o una mayor sensación de cansancio.
A ello se suma el impacto del mal descanso. Las noches demasiado cálidas reducen la calidad del sueño e impiden que el organismo se recupere correctamente, un factor que también se ha relacionado con un mayor riesgo de complicaciones cardiovasculares y neurológicas.
¿Quiénes corren más riesgo?
Los especialistas señalan que los mayores de 70 años, las personas con enfermedades cardiovasculares, renales o respiratorias y quienes padecen diabetes constituyen los grupos más vulnerables frente al calor extremo.
También requieren una vigilancia especial quienes sufren hipertensión arterial. Algunos medicamentos, como los diuréticos o determinados antihipertensivos, pueden modificar la respuesta del organismo al calor o favorecer la deshidratación, por lo que es recomendable consultar con el profesional sanitario si aparecen síntomas como mareos, debilidad o una bajada importante de la tensión.
Cómo reducir el riesgo
Los expertos recomiendan mantener una hidratación frecuente, aunque no se tenga sensación de sed, evitar la exposición al sol durante las horas de mayor calor y reducir la actividad física intensa cuando las temperaturas sean extremas.
Durante las noches tropicales también aconsejan favorecer la ventilación de la vivienda, utilizar ropa ligera y procurar que la habitación permanezca lo más fresca posible para facilitar el descanso, ya que dormir bien es una de las principales herramientas para que el organismo se recupere del estrés térmico acumulado durante el día.






