Después de una noche tórrida se agradece el frescor de las primeras horas de la mañana. El cielo en Granada presenta una tonalidad blanquiazul que anuncia otro día de intenso calor. Los vencejos vuelan con su acostumbrada pericia, emitiendo sus agudos chirridos. En las ramas del viejo y seco cerezo del patio se posan los pequeños gorriones. A veces también se acercan los mirlos y nos deleitan con sus melodiosos cantos.
Sentado delante del ordenador disfruto del aire fresco de la mañana y abro el canal para que discurra mi pensamiento y sea él quien mueva mis dedos sobre el teclado. Pienso en el calor de estos días; en el incendio forestal en “Los Gallardos” que ha acabado con la vida de trece personas y con las propiedades de muchas personas; y en el futuro que les depara a las generaciones más jóvenes, de la que forman parte mis hijos.
Antes de ponerme a escribir he leído los párrafos que he subrayado del magnífico libro del escritor inglés John Fowles titulado “El árbol” (Impedimenta, 2015). No lo conocía, pero llamó mi atención cuando hace unos días visité una librería cercana a Plaza Nueva. Lo compré sin dudarlo antes de acudir a una cita muy importante en el monasterio de San Bernardo, ubicado en pleno Paseo de los Tristes. Por la estrecha calle de Gloria accedimos al patio del mencionado complejo cristiano. En este bello y apartado rincón de Granada íbamos a disfrutar del concierto presentación del grupo “Lenta Via”, un nuevo grupo vocal granadino fundado en 2025, que se ha propuesto rescatar del olvido obras de la época barroca. El interés en no perdernos este concierto era doble: por un lado, tener la ocasión de escuchar unas obras que no se escuchaban desde finales del siglo XVIII; y por otro lado, sin duda el más importante para mi mujer y para mí, acompañar, en un momento tan importante, a nuestro querido amigo José Antonio Gutiérrez Álvarez (Jotono para sus familiares y amigos).
Jotono es una persona muy especial y querida por todos los que tenemos la suerte de ser su amigo. A su bondad y simpatía natural, se une una extraordinaria inteligencia, una gran sensibilidad, una creatividad desbordante y una capacidad de trabajo e iniciativa increíble. A todos sus amigos y familiares nos sorprende todo lo que lleva por delante, sin perder nunca el buen humor y sin descuidar a las personas que formamos parte de su círculo. Lo sorprendente no es que haga tantas cosas, sino que todo lo haga con excelencia. Sus alumnos/as en la Universidad de Granada lo adoran, así como sus compañeros y compañeras de departamento. Lo pudimos comprobar antes y después del concierto. Sin duda somos unos afortunados de ser su amigo y de poder compartir con él muchas experiencias vitales muy significativas. Una de ellas, como venimos contándoles, sucedió el pasado sábado en el monasterio de San Bernardo de Granada.
El grupo “Lenta Via” lo componen, además de nuestro amigo Jotono, la soprano Verónica Plata y el contratenor Miguel Ángel Hernández, sin olvidarnos del guitarrista Miguel Ángel Jiménez y el percusionista Luis Vives. Este extraordinario quinteto de músicos nos ofreció un magnífico programa extraído del cancionero titulado “Romances y letras de a tres voces” y datado entre 1600 y 1620. Esta obra se representó en los centros jesuitas y circuló por la corte, hasta que en el año 1767 los jesuitas fueron expulsados de los territorios bajo dominio español acusados de haber alentado el denominado “Motín de Esquilache”. Todos los bienes y propiedades de la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola, fueron confiscados. Por fortuna, el referido cancionero, tras diversos avatares, terminó custodiado en la Biblioteca Nacional de España. Allí lo localizaron los componentes del grupo “Lenta Via” y, conscientes de su valor, lo editaron y transcribieron. Esta compleja labor de edición la han realizado nuestro amigo Jotono (UGR) y Miguel Ángel Querol Gavaldá (CSIC).
Resultó muy emocionante ser testigos de esta operación de arqueología musical. Unas letras y unas músicas, que llevaban casi tres siglos silenciadas, volvían a escucharse en el incomparable marco del monasterio granadino de San Bernardo. La ocasión requería una cuidada escenografía, que incluía un atril con una copia del cancionero, un mobiliario acorde a la época en la que se compusieron las canciones interpretadas, dos granadas y unas velas que fueron encendiéndose según la representación avanzaba, de manera metafórica, de la mañana a la noche. La función comenzó con la canción “Aunque no os despierte el gallo”, seguida por la alusión a los “Ángeles del cielo”, el canto a “La verde primavera” y el sentido homenaje a San Ignacio de Loyola. El grupo “Lenta Via” supo transmitirnos la alegría de la mañana, la belleza de la naturaleza y la espiritualidad elevada del fundador de la Compañía de Jesús. Luego vino el encendido de la primera vela y la llegada de la tarde, propicia para temas más profanos y mitológicos, como los que contienen piezas tan alegres como “caballero de aventuras” o “A flansico re puntiya”.

La llegada de la noche, tanto metafórica como real, vino acompañada de canciones tan sugerentes, como “Ventecito murmurador”, “Durmiose Cupido al son” o la divertida y sorprendente para el momento y el contexto en el que fue compuesta, como “La morena graciosa”.
Los asistentes al concierto nos quedamos con un dulce sabor en la boca, pero en ningún momento empalagoso. La duración del recital permitió que nos quedáramos saciados, pero deseosos de volver a disfrutar de una representación musical bellísima y serena. Las canciones siguen resonando en nuestra memoria, acompañadas de las imágenes de los cantantes y músicos del grupo “Lenta Via”. Nuestra mirada no se apartó ni un momento de los movimientos de los cantantes, que seguían el ritmo de sus propias voces y de la música de los virtuosos guitarristas y percusionistas. Los rostros de los miembros del grupo desprendían alegría, emoción y una complicidad digna de elogio. Con una simple mirada, y una profunda aspiración, sincronizaban el inicio de las canciones y armonizaban sus voces.
La emoción contenida estalló al final del concierto con las lágrimas derramadas de familiares y amigos y la cara de satisfacción de los componentes del grupo. El inolvidable momento que nos habían regalado fue recompensado con unos ramos de flores y un prolongado aplauso del público puesto en pie durante varios minutos. Tuvimos la suerte de escuchar un bis del grupo, propio de los grandes artistas que son los componentes de “Lenta Via”.
Luego vinieron los besos y abrazos, así como los elogiosos comentarios de los asistentes. Todos coincidimos en el gran privilegio de haber sido invitados a esta representación musical. Nos sentimos trasladados a otro tiempo, en el que el arte estaba al servicio de la espiritualidad y al bienestar del alma. El rescate del olvido de obras como “Romances y letras de a tres vozes” es algo más que una iniciativa de arqueología musical. Es la reivindicación de la dimensión trascendente del ser humano que, en otros tiempos y lugares, encontró su cauce de expresión a través de la canción y la música. También supone la exaltación de la amistad, el compañerismo y la conciliación de la verdad científica y religiosa, por la que siempre ha destacado la compañía de Jesús.
Antes de comenzar el concierto, nos dirigió unas palabras el gerente del monasterio de San Bernardo, Andoni Martínez, quien -junto a su esposa Elisabetta y su hijo Bernardo-, trabajan sin descanso por preservar este impresionante espacio concebido para el retiro y la oración. El objetivo de esta familia es mantener este lugar, perteneciente a la Congregación Cisterciense, alejado de la presión de los inversores, que están adquiriendo otros edificios de culto para convertirlos en hoteles de cinco estrellas. Por el contrario, su loable propósito es que el monasterio de San Bernardo permanezca al servicio de la cultura y el arte de Granada y de los granadinos.
Mientras escuchaba el concierto del grupo “Lenta Via, pensaba en las palabras de Andoni y llegué la conclusión de que la música que resonaba en el patio del monasterio era acorde a la dignidad del lugar y encajaba a la perfección con el objetivo de salvarlo del perverso proceso de “turistificación” del patrimonio cultural en Granada y en las principales ciudades de España.
Comparto la filosofía del grupo “Lenta Via”. Me gusta la manera discreta con la que han iniciado sus primeros pasos, sin llamar la atención, andando despacio para disfrutar de la experiencia y cuidando los detalles. La organización fue perfecta, implicando a antiguos alumnos y alumnas que ahora son amigos y amigas que siguen con admiración y lealtad a su maestro. En el camino abierto el pasado día 11 de julio en el monasterio de San Bernardo, el grupo “Lenta Vía” no van solos. Les acompañamos sus familiares y amigos, y esperamos volver a escucharlos pronto. A nosotros, la amplia familia de Ceuta, nos encantaría que la próxima parada la hicieran en nuestra ciudad. No me cabe duda, de que a Jotono le haría mucha ilusión que su prodigiosa voz se escuchara en el interior de alguno de los templos ceutíes. Él ama a Ceuta con toda su alma y, nunca mejor dicho, lleva su voz allí donde imparte maestría y canta. No me parecería justo que, en su caso, se cumpliera el dicho de que “nadie es profeta en su tierra”.
Para concluir este artículo, queremos felicitar al grupo “Lenta Via” por el magnífico recital de música barroca con el que nos obsequiaron hace una semana en el monasterio de San Bernardo de Granada. Le deseamos mucha suerte en el camino y le animamos a que siga discurriendo de manera lenta, con paso firme y, sobre todo, disfrutando del paisaje natural y humano que le rodea.






