Durante años, la presencia de la alga invasora Rugulopteryx okamurae en las costas de Ceuta ha sido sinónimo de problema ambiental, costes económicos y dificultades para sectores como la pesca. Y lo sigue siendo. Pero los últimos avances científicos invitan a introducir un matiz importante: quizás ha llegado el momento de empezar a verla también como una oportunidad, de revertir la situación.
La investigación desarrollada por las universidades de Málaga y Almería (anteriormente también la Universidad de Cádiz había investigado para buscar utilidad al alga) demuestra que esta especie puede tener aplicaciones útiles en la elaboración de piensos para acuicultura, abriendo una vía de aprovechamiento para una biomasa que hasta ahora era considerada poco más que un residuo.
No se trata de minimizar el impacto de la invasión ni de olvidar los daños que provoca, sino de buscar soluciones inteligentes ante una realidad que ha llegado para quedarse.
Ceuta, una de las zonas más afectadas por la expansión de esta alga además de toda la zona del Estrecho y el Mar de Alborán. Todo el litoral afectado tiene la posibilidad de situarse en primera línea de ese cambio de enfoque.
Si existen opciones para transformar parte de este problema en actividad económica, innovación y empleo vinculado a la economía azul, esa a la que tanto mira Ceuta, merece la pena explorarlas con decisión.
La erradicación de la Rugulopteryx okamurae parece hoy una meta difícil de alcanzar.
Precisamente por eso, además de combatirla, conviene preguntarse qué usos pueden obtenerse de ella.
Porque convertir un coste en un recurso siempre es una buena noticia.
Y porque, en ocasiones, las mejores oportunidades nacen allí donde antes solo se veían problemas.






