Mercedes Ríos tiene 76 años, vive en situación total de dependencia tras la amputación de una de sus piernas y este viernes enfrenta un desahucio del que ha sido su hogar desde 1993.
La vecina que reside en las 108 Viviendas de Zurrón vivirá mañana un lanzamiento previsto a las 10:00 horas que tanto ella como su familia consideran injusto.
Sus nietos, Ricardo y Rocío Gómez, han querido hacer pública la situación para pedir ayuda a las administraciones y a la ciudadanía en un último intento por evitar que Mercedes sea lanzada de la que ha sido su casa durante gran parte de su vida.
Una deuda de más de 6.000 euros
El origen del conflicto se encuentra en una deuda relacionada con el Catastro que superaba los 6.000 euros. Según explica su nieta, Rocío Gómez, nunca fueron conscientes de que este impago pudiera derivar en la subasta de la vivienda.
Los familiares aseguran que no recibieron ninguna notificación que les alertara de que el inmueble iba a ser embargado y posteriormente subastado.
De hecho, afirman que tuvieron conocimiento de la situación cuando la vivienda ya había sido adquirida por una empresa, “un fondo buitre”.
La noticia llegó de repente
Rocío Gómez relata que descubrieron lo ocurrido hace aproximadamente tres años, cuando acudió a la vivienda junto a su abuela y encontró a un hombre cambiando la cerradura después de haber forzado la puerta.
“Nos enteramos cuando ya estaba todo hecho. Nadie nos avisó de que la casa iba a salir a subasta”, asegura.
La familia cuestiona el procedimiento
Los nietos de Mercedes sostienen que existen irregularidades en las notificaciones que precedieron a la subasta. Según explican, la firma que figura en los documentos no corresponde a su abuela.
“Mi abuela no entiende de boletines oficiales ni de procedimientos administrativos. Tiene una edad avanzada y problemas de salud. Si hubiera sabido que la casa corría peligro, habríamos buscado una solución para pagar la deuda”, afirma Rocío.
Consecuencias de la desinformación
La familia insiste en que Mercedes jamás fue informada de manera clara de las consecuencias que podía tener la deuda acumulada y considera que, de haber recibido una notificación adecuada, habrían podido afrontar el pago mediante cuotas o algún acuerdo.
“Estamos hablando de una deuda de 6.000 euros. Si nos hubieran avisado, habríamos hecho todo lo posible por pagarla y evitar que la vivienda acabara en una subasta”, lamenta Rocío.
Un hogar para todos “la casa de la abuela”
Actualmente en la vivienda residen Mercedes, su nieto Ricardo de 24 años, y otra nieta de 22 años junto a su bebé de apenas un mes de vida.
Son precisamente los nietos quienes se encargan del cuidado diario de su abuela. Debido a los problemas de movilidad derivados de la amputación y otros problemas de salud, Mercedes necesita dependencia diaria de un tercero.
Un duro golpe
“Mi abuela no ve bien, no escucha bien y le falta una pierna. Aquí tiene todas sus comodidades y todo lo que necesita para vivir”, explica Rocío. “¿A dónde vamos a ir?”, añade.
La desesperación es evidente entre los miembros de la familia. Ricardo Gómez, que ha crecido en esta vivienda y ahora reside en ella, pide ayuda para frenar esta situación.
“He nacido en esta casa”
“Si nos quitan la casa, ¿a dónde va a ir mi abuela? ¿A dónde voy a ir yo? ¿A dónde va a ir mi prima con su bebé recién nacido?”, se pregunta.
El joven recuerda que ha pasado toda su vida en este inmueble y asegura que no entiende cómo una deuda de estas características ha terminado poniendo en riesgo el hogar familiar.
“Yo he nacido en esta casa. Llevo aquí toda mi vida. No estamos hablando solo de una vivienda, estamos hablando de nuestro hogar”, afirma.
Un último llamamiento antes del lanzamiento
A pocas horas de la fecha fijada para el desahucio, la familia mantiene la esperanza de que pueda alcanzarse alguna solución de última hora.
Reclaman la intervención de las administraciones públicas y piden que se estudie la posibilidad de un alquiler social o cualquier fórmula que permita a Mercedes permanecer en la vivienda.
“Que no la echen de casa”
“No se niega a pagar. Lo único que pide es que no la echen de la casa en la que lleva viviendo desde 1993”, dicen sus nietos.
Mientras esperan la llegada del viernes, Mercedes Ríos y los suyos lanzan un último grito de ayuda para evitar que una mujer mayor, dependiente y con graves problemas de movilidad tenga que abandonar el que ha sido su hogar durante más de treinta años.





