Marruecos está redoblando su apuesta por el Gasoducto Africano Atlántico (AAGP). Así lo destaca la Agencia de Noticias EFE en un texto firmado por Mohamed Siali desde Rabat.
Esta infraestructura, que se espera sea firmada formalmente este mismo año con la participación de 13 países, se perfila como un elemento crítico para transformar al país magrebí en un hub logístico del gas hacia Europa.
En un panorama internacional marcado por la inestabilidad en los corredores de Europa del Este y Oriente Medio, este proyecto ofrece una alternativa sólida para la seguridad energética.
El gasoducto no solo busca el suministro, sino tejer vínculos de interdependencia estables entre las naciones africanas y el continente europeo.
Detalles técnicos y financiación del Gasoducto Atlántico
El proyecto destaca por su magnitud técnica y financiera. Con una longitud prevista de 6.900 kilómetros, el trazado conectará el delta del Níger con el norte de Marruecos, atravesando 13 países de la fachada atlántica.
Se estima que la inversión total alcanzará los 25.000 millones de dólares, contando con el respaldo financiero de potencias como Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos.
En cuanto a su capacidad operativa, el gasoducto podrá transportar hasta 30.000 millones de metros cúbicos anuales.
De esta cifra, aproximadamente la mitad se destinará al consumo interno de Marruecos y a la exportación hacia Europa, mientras que el resto servirá para alimentar a países del Sahel como Níger, Burkina Faso y Mali, reforzando el compromiso de Rabat con la conectividad regional.
Marruecos: hacia una transición energética verde
Según lo que explica EFE, para Marruecos, el AAGP es una pieza fundamental en su propia transición energética. El objetivo del país es que el gas natural sustituya progresivamente al carbón en la producción de electricidad.
Actualmente, el país importa el 90% de su energía, pero aspira a que el 52% de su mix energético sea limpio para el año 2030.
Además del gas importado, Marruecos planea desarrollar sus propios recursos, como el yacimiento de Tendrara, que inyectará 100 millones de metros cúbicos anuales al mercado nacional.
La estrategia busca consolidar a Marruecos como un corredor energético hacia Europa, generando ingresos a través del tránsito y el uso de la infraestructura más que por el suministro directo a gran escala.
Impacto social, económico y plazos de ejecución
De acuerdo con la información de Mohamed Siali para EFE, este eje atlántico posiciona a Marruecos como un puente entre dos continentes, fomentando la creación de empleo y el desarrollo social en toda la región.
Asimismo, se contempla la posibilidad de fabricar localmente las tuberías necesarias para la obra, lo que impulsaría la industria nacional.
Aunque el proyecto es complejo, expertos como Lahcen Oulhaj señalan que, de existir la voluntad y financiación necesarias, la ejecución total podría completarse en un máximo de 15 años.
Respecto al impacto ambiental, se estima que será similar al de las plantas desalinizadoras, con molestias temporales durante las obras pero sin efectos significativos a largo plazo. Para Europa, el resultado final será una alternativa clave para reducir la dependencia del gas ruso y diversificar sus fuentes de suministro.






