Mientras se liberan las reservas de petróleo como las grasas acumuladas con la dieta del ayuno, no dejan de llegar- a las redes sociales- las noticias de asesinos que sacian sus ansias con las muertes de inocentes. La gente de a pie nos damos palmadas en la cara porque no podemos con tanta inmundicia como nos rodea, como la última noticia del hallazgo de unos restos óseos en la casa de dos presuntos que se decían inocentes -a pie de digitalidad- enfocándoles en toda la jeta. El Dinamita- otro qué menudo personaje, aparte de criminal- burlándose de todo y todos, incluida la madre de Esther Estepa a la que acosaba móvil en ristre, llamándola para saber datos de la investigación de la mujer que se presume que él mismo había matado. Es lo de ellos, los asesinos no convictos a los que la justicia da presunción de inocencia, pero que los medios destapan porque nos gusta el morbo hasta la saciedad y ya muerto El Caso tenemos que hacernos ecos de campanas funerarias con lo que sea.
La madre patria es lo que tiene, sangre amalgamada de muchos pueblos combativos, luchadores y asesinos, que no se nos olvide. Después de las conquistas, vinieron las represiones, batallas olvidadas y mucha muerte apergaminada entre manuscritos quemados y libros oxidados y rotos por el tiempo. Cualquier documentalista -arvichero o cronista municipal- sabe que lo que digo es cierto porque tener unos restos óseos en las entrañas de tu patio- como ha pasado en Hornachos- no es lo mas común del mundo.
Tampoco que estés tranquilamente en tu casa y alguien ponga barreras de colchones ardiendo en tu casapuerta para que no salgas vivo. Como consecuencia de esos hechos, han muerto dos vecinas-todo presuntamente, no nos olvidemos- porque se le ha arrebolado la cabeza luego de salir de la cárcel ya que su pareja no quería continuar sabiendo nada de él. Ha pagado cara la mujer -y su madre- la afrenta, como muchas otras a las que la violencia de genero da sentencia de muerte por la negativa a seguir dejándose atropellar, menospreciar, humillar o simplemente abandonar su independencia para formar parte del botín de un macho asesino. Es lo que tenemos que aguantar, manotazos visuales que se convierten en llamas anímicas porque no entendemos qué hemos hecho para convivir con tanta mala gente, como decía la madre de Esther Estepa que no concebía – antes de la muerte de su hija- que existiera tanta maldad junta en una misma persona. Pero existen y están entre nosotros… mismo oxígeno, mismo planeta y ahora proclamando su inocencia. Se esconden tras muchos telones- estos asesinos- tras muchas patrañas, muchas escusas y mucha falta de información. El Dinamita lo hizo- presuntamente- y se jactaba encima en la búsqueda infructuosa de una persona que estaba muy muerta. Lloraba por ella en redes, le compadecían los que lo seguían, los mismos que luego- de saber la verdad- lo insultaban inmisericordes, con el mismo ardor, que antes lo alababan. Porque el ser humano es así, como riada que va donde le guía la corriente, como borreguitos sin Norit que les guarde, ni les proteja. Buscamos ídolos de barro que se nos han hecho de oro en pocas visualizaciones, porque estamos faltos de cariño, de raíces, incrédulos de todo y todos como de las reservas de petróleo que no contabilizamos, ni sabemos qué son exactamente y cuando nos dicen que sube la luz o que nos va a salir más caro todo, simplemente miramos para otra parte para evitar que nos vean llorar de pura impotencia.






