Recordamos la epidemia de COVID como una especie de pesadilla, una película que una vez terminada nos disponemos a olvidar o como un drama para miles de personas que perdieron un familiar o amigo. También como una gran oportunidad para hacerse millonario sin el mínimo pudor y dignidad.
Efectivamente, una gran oportunidad para algunos políticos, empresarios y sanguijuelas que se dedicaban a corromperse mientras se racaneaba en trasladar a nuestros mayores a hospitales para ser atendidos o morir con la dignidad que todo ser humano merece. Profesionales y sanguijuelas que van emergiendo poco a poco.
Pues bien, mientras los jueces y fuerzas de seguridad del Estado van sacando a estas sanguijuelas del anonimato, ha comenzado una campaña contra la posibilidad de eliminar el dinero en efectivo, apoyándose en argumentos como proteger la privacidad y la seguridad de los ciudadanos.
Puede que tengan algo de razón y ese cambio deba ir acompañado de medidas de protección a la privacidad, pero hay una razón de peso mayor que no aparece en sus argumentos, ni quieren que aparezca.
Si damos un pequeño repaso a nuestra hemeroteca nos encontramos casos de corrupción como los ERE, con un coste de más de 600 millones de euros; Caso Gürtel, con un impacto económico de miles de millones de euros; Caso Púnica, una trama de corrupción con un valor estimado de 224 millones de euros en contratos amañados; Caso Bárcenas, con un valor de unos 30 millones de euros en dinero negro. Casos de hace años a los que hay que sumar -desgraciadamente- los que van apareciendo.
Son casos muy mediáticos por la repercusión pública, pero esta propuesta debe servir para impedir que el dinero procedente del narcotráfico y de las organizaciones entre en el circuito legal. Un problema difícil de afrontar, porque estas organizaciones esconden el efectivo y los introducen en el circuito legal poco a poco.
La aparición en redes de determinadas personas poniendo de relieve la peligrosidad de acabar con el dinero en efectivo con argumentos tan estériles como que los gobiernos van a dirigir nuestras vidas o que solo con dar un vistazo a los gastos que realizamos en nuestras cuentas nos van a controlar es absurdo, porque la mayoría de los ciudadanos utilizamos de forma residual el dinero en efectivo.
Lo cierto es que nunca me paré a reflexionar sobre esta posibilidad, pero cuando personajes de determinado pelaje se entretienen en crear una corriente contra la idea de acabar con la circulación del dinero en efectivo, no me ha sido difícil de entender que esa media estorba sobremanera a delincuentes y golfos y, por tanto, ya no tengo dudas, de que será una muy buena medida para apuntalar la democracia, la seguridad y el bienestar de todos los ciudadanos.







El dinero en efectivo debe existir siempre.
Cualquier fallo electrónico, de Internet etc nos dejaría tiesos si no tuviéramos efectivo.
Por otro lado, nuestro dinero lo maneja un banco y no el propietario del mismo, me ha pasado de querer hacer una transferencia por importe mayor de 5000€ y no me lo han permitido hasta el día siguiente, porque debían verificar donde iba ese dinero (siendo a otra empresa legal de formacion).
También sabe hacienda y los gobiernos, donde estamos y cuanto gastamos.
Nos falta ya que nos inserten un microchip en el cuello como a los perros.
Esto no es democracia.
MENTIRA.