En unos días será el 20-N, aniversario de la muerte de Franco. De eso hace ya 50 años, que es medio siglo.
Sigue habiendo nostálgicos del régimen, nostálgicos de la dictadura, nostálgicos del fascismo, nostálgicos que no habían nacido y que heredaron las historias contadas por sus familias narrando aquella época tan larga de la dictadura militar.
El caudillo murió en la cama mientras que los medios de comunicación nos vendían lágrimas, una tristeza tan profunda de la que no podríamos salir en mucho tiempo.
Luego llegó la democracia. Pero la huella de Franco se volvería indeleble.
Yo tenía11 años; un niño que entendería muchos tiempo después lo que había pasado.
Ahora, algunos chicos del instituto de 12 a 17 años reclaman una dictadura, critican la democracia, aplauden a los partidos de extrema derecha, se dejan llevar por los bulos, las patrañas y las mentiras. No son críticos, se limitan a justificar y defender la sempiterna frase: con Franco se vivía mejor.
Me pregunto por qué hemos llegado hasta aquí. En qué hemos fallado para no creer en valores como la libertad, la justicia, los derechos humanos, las opciones sexuales, la posibilidad de practicar todo tipo de religiones, el derecho a defendernos, la posibilidad de sindicatos, de expresarnos sin miedo a las represalias, al castigo, a ser detenido.
¿Por qué la juventud más indisciplinada exige formas sociales totalitarias en la que las disciplinas más aberrante serán las directrices de la sociedad.
La corrupción, la clase política, el paro juvenil, el problema de la vivienda; estos son sus argumentos, como si el fascismo galopante tuviera soluciones mágicas, como si necesitáramos otro caudillo iluminado que pusiera orden.
Es muy raro que se tenga nostalgia de la pérdida de libertades que tantas muertes han costado.
"Imaginaros, por un momento, que entraran en clase y me llevaran detenido, imaginaros que no he hecho nada, imaginaros que las detenciones son cada vez más frecuentes, imaginaros que todos debemos pensar de una misma manera, imaginaros que un profesor tiene todo el poder en la clase y nada se le puede discutir ni nadie te puede defender.
Educar desde la democracia o desde el fascismo.
Entrar en el aula y escuchar un ¡ Viva Franco! a alumnos de 12 años invita a una reflexión profunda.
Una democracia herida es una buena oportunidad para sus enemigos".






