La mañana en Ceuta ha estado protagonizada por los pequeños y jóvenes miembros del grupo Scout 238 Omaha.
La céntrica zona de la ciudad se ha llenado de risas, dinámicas y actividades que han marcado el inicio oficial de la nueva ronda solar, una etapa que simboliza para los scouts el comienzo de un nuevo año cargado de experiencias y aprendizajes.
Se ha tratado de la primera actividad de la temporada, un encuentro en el que han participado alrededor de 100 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 6 y los 18 años.

El espíritu del escultismo
Los scouts se han dedicado, junto a sus monitores a realizar juegos de presentación, dinámicas de integración y actividades destinadas a que los más nuevos puedan conocer el espíritu del escultismo y, al mismo tiempo, empezar a construir lazos afectivos con sus compañeros veteranos.
Juegos para romper el hielo
Durante la jornada, las diferentes secciones del grupo han recorrido el centro de la ciudad para llevar a cabo juegos que, más allá de entretenimiento, tenían un objetivo claro: conocerse, confiar en los demás y sentar las bases de la convivencia, esta última marcará el resto del año.
Los niños y jóvenes han podido divertirse con juegos como ‘El lobo’, un clásico que combina diversión con trabajo en equipo.

Para conocerse
También han realizado actividades para conocerse un poquito más y transmitir lo aprendido a las generaciones futuras, un trabajo que, sin duda, refleja el valor del espíritu del escultismo.
El fin último era integrar a los nuevos miembros con los antiguos, asegurando que todos se sintieran parte de la gran familia scout desde el primer momento para poder comenzar un año con una fuerte unión.
Una tradición con valores
El escultismo, fundado a principios del siglo XX por Robert Baden-Powell, se ha mantenido a lo largo de generaciones como un movimiento educativo no formal que apuesta por la autonomía, la responsabilidad, el liderazgo y el compromiso con la comunidad. El grupo 238 Omaha no es una excepción, y su labor en Ceuta se ha convertido en un referente de estos valores.
Este tipo de encuentros iniciales no son solo para dar la bienvenida a los nuevos integrantes, también lo son para recordar a los veteranos la importancia de mantener vivos los valores del grupo.

Más allá de la diversión
De esta manera, los niños no solamente quieren unirse a los scouts para divertirse en grupo, no; va mucho más allá.
Pequeños y adolescentes no solo participan en juegos o excursiones, sino que aprenden a organizarse, a compartir, a escuchar, a debatir y a comprometerse con iniciativas que van desde acciones solidarias hasta actividades medioambientales, pasando por convivencias y campamentos durante todo el año.
Son tales los valores inculcados desde pequeños que muchos de ellos crecen en el grupo y pasan de ser scouts aprendices a convertirse en monitores cuya formación no podría ser superada con ninguna otra, tampoco los valores absorbidos a lo largo de los años.
Una mañana de unión
Para muchos de los más pequeños, ha sido su primera toma de contacto con el escultismo, un momento que recordarán como el inicio de una etapa que, con el tiempo, les aportará amigos, experiencias inolvidables y valores que los acompañarán a lo largo de toda su vida.
Así, Ceuta ha sido testigo este sábado de una primera jornada de actividades en la que ha reinado el entusiasmo y la alegría. Los curiosos a pie de calle miraban a los miembros con miradas cómplices y eran meros observadores de su diversión.
La Plaza de África ha sido uno de los lugares elegidos para llevar a cabo tales actividades.






