Miro al mar y encuentro una bella estampa de colores, de ilusiones que se templan en mi vista. Quedo conmocionado, perplejo, alucinando de encontrarme ese amanecer tan maravilloso, donde las nubes hacen también un papel mediador con el encanto de esa ilusión, esa encantadora vista de un paraje que parece de otra galaxia. Pero no, es un instante, un momento, donde todos los azares se han conjurado para observar ese modelo de estampa turística, que hace enamorarse, desbordarse nuestros sentimientos y creer que estamos en otra dimensión, otro lugar fuera de nuestra querida Tierra.
Y miro esa embarcación de pesca y me llena sin olfato de esos momentos donde se están friendo el manjar de nuestros mares, la esencia de disfrutar un buen chiringuito y regarlo con algo que nos pueda saciar ese calor tan insoportable, que gracias a nuestra Mar, y esa espuma de una buena cerveza, bien tirada, nos salva por unos momentos de todos nuestros sudores, nuestras ganas de que cambie de estación y que aparezca de una vez ese tiempo, donde una rebequita se apetece, y un buen chocolate caliente, aunque echemos en falta algunos detalles de la fisonomía femenina.
Pero bueno, no podemos pedir de todo, y solo me queda levantar la mano y pedir otra cerveza, bien helada y un espeto de sardina recién hecha, y si es posible del chiringuito de mi amigo Papitu.
Gracias suerte por haberme hecho estar con él y con su mujer. No son buena gente, son lo siguiente.






