Cada vez son más las voces que, sin pudor alguno, afirman que prefieren a los animales antes que a las personas. Y no es extraño escucharlo en la calle, en las redes sociales o en una conversación cotidiana.
Esta tendencia no surge de la nada: es el reflejo de un desencanto generalizado hacia la condición humana. La falta de lealtad, la falsedad, la conveniencia y, en muchos casos, la maldad que pueden mostrar las personas, han hecho que muchos se vuelquen hacia los animales en busca de compañía y afecto sincero.
Por otro lado, los animales —especialmente perros y gatos...— han demostrado a lo largo de la historia una fidelidad y una lealtad inquebrantables. No traicionan, no juzgan y no tienen dobles intenciones. Quien convive con ellos sabe que no solo son compañía, sino parte fundamental de la familia.
Es reconfortante ver cómo, cada día, más personas reconocen y valoran a los animales hasta el punto de integrarlos plenamente en su vida diaria. Sin embargo, también resulta preocupante constatar cómo, al mismo tiempo, el ser humano pierde credibilidad, respeto y cariño entre sus semejantes.
La amistad, la honestidad y la lealtad parecen estar en decadencia dentro de nuestra sociedad. Y no porque no existan personas buenas, solidarias y comprometidas —que las hay—, sino porque cada vez se hacen más visibles las actitudes contrarias: el egoísmo, la indiferencia y el desprecio hacia los demás.
Quizá este fenómeno debería servirnos como un espejo. Los animales nos muestran con naturalidad los valores que los seres humanos hemos ido perdiendo. Y, en ese contraste, queda en evidencia que quienes decimos preferir a un perro o un gato antes que a muchas personas, en realidad estamos señalando lo mucho que el ser humano debe aprender todavía de los animales.
Dedicado a mí fiel perrita Gaara, la que fue para nosotros, y siempre seguirá siendo, una más de la familia, de la familia de verdad.







Yo también los prefiero,y con distancia
Quien tiene un animal lo educa y convive tanto en su domicilio como en el común, no sabe lo que tiene; el problema no es ese, sino los desaprensivos que en aceras, patios y donde le venga en gana, permiten sus deposiciones sin tratar de dejarlo como antes de pasar los animales. (Pongo a propósito animales en plural).
Cierto
Pues hace 50 años lo dijo Roberto Carlos, el progreso.