La memoria, el recuerdo de lo que fuimos, la nostalgia a pinceladas dibujando el tiempo, la infancia retratada en blanco y negro, la juventud en las barriadas, en las calles, en las esquinas que ya no existen. El olor a mar, al pescado ambulante, a fritanga de churros, a mercados de paso y castañas de invierno.
Mi compañero y amigo Joaquín Guzmán nos enseñó historias de la historia de Ceuta, nos descubrió la ciudad desconocida dormida en la pátina del tiempo.
Joaquín y yo coincidimos dos años en el Instituto Camoens; yo terminaba de llegar y él preparaba los bártulos de la jubilación.
Nos tropezábamos a conciencia en los pasillos y, mientras el timbre nos indicaba el comienzo de la siguiente clase, hablábamos de historia, de algún filósofo que venía al caso, de los cambios en la enseñanza en el último medio siglo.
Me gustaba escucharlo: su voz cálida y serena, su mirada cómplice y lo bien que ilustraba los temas de conversación. Solía buscarme para seguir la charla que el murmullo ensordecedor que los alumnos habían aplazado.
En época de pandemia descubrí a través de Facebook sus narraciones y fotografías sobre nuestra ciudad: costumbres, lugares, playas, aventuras, mezclas de culturas, personajes...me permitía retroceder en ese tunel del tiempo que va marcando rutas de lo que fuimos , senderos desaparecidos por los años que nos llevan a nosotros mismos.
Buscaba sus publicaciones, las coleccionaba en un archivo, imprimía las imágenes como si fueran daguerrotipos.
Me acostaba todos los días disfrutando de ese documental que simulaba a aquel NO-DO que mi compañero Joaquín me ofrecía en un momento en el que yo padecía una depresión..leerlo era una terapia, una brisa de aire fresco entre las ventanas opacas por la pesadumbre de la jaula en la que me sentía encerrado.
Mi compañero fue una especie de llave para encontrar posibles salidas.
Y así, con el ánimo recuperado y pasado un tiempo, después de la presentación del libro en la Biblioteca Adolfo Suárez, le pedí que me contara sus andanzas por esta tierra de amaneceres y penumbras
Me brindó la oportunidad de adentrarme en muchos aspectos desconocidos sobre él.
"Recordar quiere decir mucho más que tener algo presente en la memoria"
Yo nací en Ceuta en el barrio de Hadú en el año 1952. Añoro una ceuta que se fue, una ciudad con un alto nivel de vida: contábamos con dos periódicos que no tenían en muchas capitales de provincia, familias con holgada capacidad adquisitiva, una economía boyante; nada tenía que ver con la España gris y triste que se veía en la península.
Mi libro se basa en evocaciones y remembranzas. Recordar quiere decir mucho más que tener algo presente en la memoria. Significa "volver a pasar por el corazón" y visitar los paisajes, las gentes, los amigos y los lugares que forman parte de mí.
Me he sentado a ordenar la efervescencia de la memoria indeleble y el libro fue tomando forma. Alguna documentación, algún detalle de precisión, pero nada más.
Dedicarme a la docencia era tener la posibilidad de cambiar el mundo, soñar con la libertad y la justicia. Con el tiempo estos ideales se vinieron abajo pues la realidad siempre es testaruda y añade dolor.
Creo que la convivencia de las cuatro culturas en Ceuta es algo que se vende como si fuera la panacea de nuestro pueblo. Desgraciadamente no es real; cada uno hace la guerra por su lado.
Veo con tristeza que no hay futuro en nuestra tierra, somos una especie de pollo sin cabeza con un destino cada vez más incierto, la península es el salto definitivo cuando existe una oportunidad.
Si tuviera que escoger un libro tal vez sería ‘Las uvas de la ira’, un análisis del capitalismo, que muestra cómo la codicia y la desigualdad pueden llevar al desarraigo y la desesperación de las clases trabajadoras, al tiempo que celebra la resiliencia y la solidaridad humana que permiten la supervivencia y la capacidad de amar incluso en las peores circunstancias.
Sobre el tiempo y la vida citaré a Carl Sagan: "Somos como las mariposas , piensan que volarán siempre”.
Thomas Mann, en ‘La montaña mágica’, nos dice que el tiempo implica una subjetividad en su percepción; parece estirarse o contraerse según la experiencia del individuo. Lo rutinario se hace eterno y cuando hacemos muchas cosas y no teníamos "tiempo" para nada se hace largo al recordarlo.
La vida es la combinación temporal organizada de moléculas programadas por la genética..pero filosóficamente nos da la oportunidad de la contemplación del universo, de mejorarlo, de solidarizarnos, de dejar la tierra que heredarán las próximas generaciones en las mejores condiciones posibles.
Con Joaquín siempre hay muchos cafés pendientes.







Muchas gracias. No creo merecer tus bonitas palabras. Un fuerte abrazo.