La asociación Alas Protectoras de Ceuta vuelve a dar un ejemplo de compromiso y humanidad. En esta ocasión, han logrado algo que parecía imposible: organizar una campaña de donación que ha permitido llevar cinco cisternas de agua a Gaza, un territorio castigado por la guerra y donde la población civil sufre la carencia más básica, el acceso al agua potable.
El esfuerzo no ha sido sencillo. Han tenido que superar innumerables gestiones y obstáculos logísticos, pero el empeño de sus voluntarios y la solidaridad de quienes colaboraron hicieron posible que ese soplo de esperanza llegara hasta los gazatíes masacrados por el conflicto. Un gesto que, aunque pueda parecer pequeño frente a la magnitud del sufrimiento, tiene un valor inmenso: recordar que la ayuda humanitaria no entiende de fronteras y que el agua es un derecho humano fundamental.
Pero la labor de Alas Protectoras no termina aquí. Su trayectoria lo demuestra: trabajan con la misma entrega tanto en Ceuta como en cualquier rincón del mundo donde la necesidad golpea con fuerza. No hacen distinciones, solo actúan allí donde alguien les necesita.
Desde aquí es justo reconocer la labor de su presidente, Abdesenlam y de toda la “familia” que compone esta asociación humanitaria, por su capacidad de movilizar recursos y, sobre todo, por su firme vocación de ayudar al más vulnerable.
Ceuta siempre ha sido un pueblo solidario, y ahora más que nunca debemos estar a la altura. Es necesario seguir colaborando con Alas Protectoras, porque su lucha es la de todos: la defensa de la vida, la dignidad y la esperanza.






