Guillermo Molina es todo un emblema en el mundo del waterpolo, considerado como uno de los mejores jugadores que ha dado este país en la historia del deporte. Un orgullo para Ceuta.
El waterpolista pronto destacó en las piscinas del Club Natación Caballa y decidió cruzar el Estrecho para comenzar lo que sería una trayectoria repleta de éxitos: capitán de la selección española, cuatro juegos olímpicos, campeón del Mundo en 2001 y MVP en el mundial del 2007, entre otros enormes logros.
Tras destacar tanto en España como en Italia, Molina decidió colgar el gorro, aunque siguió vinculado al deporte de agua. Actualmente, está inmerso en su etapa como entrenador, dirigiendo al Rari Nantes Sori de la categoría de plata del waterpolo italiano.
La leyenda ceutí, que se encuentra de vacaciones en la ciudad, ha concedido una entrevista a FaroTV en la que analiza sus comienzos en el Caballa, su trayectoria en el alto rendimiento e introduce cómo están siendo sus inicios como técnico.

¿Qué tal están siendo sus vacaciones aquí en Ceuta?
Como siempre poco tiempo (ríe), pero muy bien, viendo a los familiares y dedicándome a que mis hijos conozcan mi tierra.
Nos hemos citado en este Club Natación Caballa, que fue donde comenzó a dar sus primeras brazadas en la piscina ¿cómo fueron esas primeras experiencias?
Mi abuelo trabajaba aquí en el club y toda mi familia formaba parte del mundo de la natación y el waterpolo y fue todo muy natural. Con cuatro, cinco o seis años ya estaba haciendo cursillos, después comencé con el equipo de natación y finalmente una cosa tira de la otra.
Tenemos a nuestras espaldas el muro donde se encuentran estos tres olímpicos, usted también lo ha sido en cuatro ocasiones, ¿qué supone estar entre estos nombres selectos con Lorena Miranda y Antonio Pérez-Cospedal?
Es un orgullo formar parte de este grupo tan selectivo y espero que algún día podamos rellenar todo el muro, tres me parecen pocos. Es un gran éxito que haya habido deportistas olímpicos importantes en nuestra tierra.

Compitió al más alto nivel tanto en España como en Italia, campeón del mundo, MVP´s, juegos olímpicos ¿qué es para usted destacar tanto en este deporte?
Para mí ha sido un sueño, ha sido algo que quería desde pequeño. Es un poco ese sueño americano, que lo buscas, lo intentas y lo he conseguido durante muchos años.
Después, el deporte pasó a un segundo plano relativo, desde que comencé a ser padre, pero el haber conseguido tantos éxitos ha sido increíble.
La cantera caballa cada vez que pasa por aquí aprecia a estos tres ídolos y ahora también está destacando, participando en europeos y campeonatos de España, ¿qué opina de esta cantera?
Yo espero que cada vez seamos más, (refiriéndose al muro en el que aparecen los deportistas olímpicos), que seamos capaces de llevar el nombre del club a todos los lados.
El trabajo paga y tenemos la suerte de que poco a poco nos estamos metiendo en el mapa del waterpolo nacional y esto es importantísimo.
Ha estado muchos años en la élite y hay una clave de la que no se habla que es la motivación ¿cómo reguló esos picos bajos y altos de motivación?
Ha habido muchas fases, la primera motivación es la más animal, la de quiero hacerlo y hay que hacerlo a cualquier precio. Después, hay un momento de una motivación más deportiva y estudiada.
Si tú quieres conseguir un mundial o quieres ir a algún sitio, tú te entrenas para eso, encuentras la motivación en estos pequeños entrenamientos que hacen que cada día te superes a ti mismo, que es la base de todo.

Desde que comenzó hasta ahora, el waterpolo ha cambiado muchísimo ¿nos puede hacer un análisis de ese cambio?
Cuando yo empecé, era la última parte del waterpolo más técnico, cuando tenía 15/16 años. Poco a poco se ha ido hacia una fase más física, en la que la calidad venía un poco a faltar.
Todo ha sido ayudado por los cambios de reglas, primero fueron los tiros de siete metros, después a seis y esto provoca más lucha. El jugador de más calidad y con menos físico sufre un poco más.
Ahora con el nuevo cambio de regla, creo que destacará mucho más el jugador bueno técnicamente, porque cada vez será más exigente el escoger bien las fases del juego.
Ese fruto de la experiencia le ha dado cualidades impresionantes, ¿qué consejo le diría a ese Guillermo Molina que comienza en el mundo del waterpolo?
Le diría que nada es fácil, que perderás más que ganarás y que nada de esto debe derrumbarte y hay que seguir adelante.
Esto seguramente es una cosa que he aprendido y que con los años lo he casi mejorado. La derrota es solo un inicio para exprimirte al día siguiente.
No te preocupes porque una derrota te sirve para ser mejor al día siguiente.
Aunque, mejor ganar (ríe), si pensamos que en 20 años pierdes una de cada tres finales.

Incluso la derrota le enseña más que la victoria, ¿no?
Te enseña muchas cosas.
Cerramos esa etapa como entrenador, una trayectoria para enmarcar y pasamos a esa nueva aventura suya como entrenador, cuéntenos ¿cómo está siendo?
Muy contento, he tenido mucha suerte, he caído de pie en un club que ha creído en mí de la nada, porque por muy buen jugador que hayas sido, el tema de entrenador es muy diferente.
Yo tenía muchas ideas y no era fácil. El presidente ha confiado en mí desde el primer día que me senté, de hecho, fue una negociación muy rápida, de 24 horas y me están dando todo lo que quiero.
Me dedico mucho tiempo a crecer, es una visión completamente diferente a la de jugador y estoy con muchas ganas de seguir adelante.

¿Qué desafíos se marca para la siguiente temporada?
De momento ser competitivos, hemos hecho un buen equipo, hemos rebajado aún más la edad media, ahora es de 22 años o incluso menos.
El objetivo es competir, porque estamos en Segunda División italiana, es un equipo que tiene mucha ambición y yo también la tengo. Pero hay que ser objetivos de que no somos el equipo candidato a subir, pero vamos a estar peleándonos.
Otra cosa que no podemos perder de vista es la cantera; en mi equipo, de los 14 jugadores, 7 vienen de la cantera.
Ha conseguido gran cantidad de valores deportivos impresionantes en su carrera ¿cuáles son aquellos que coge de su época como jugador y los traslada a su etapa como entrenador?
Sacrificio, compañerismo, parece que son siempre los mismos, pero es verdad. He tenido muchos entrenadores, técnicos que te insultaban y te pegaban.
Yo creo que lo más importante es ser persona, aprender de los jugadores y ayudarles el máximo como personas, porque creo que después en el agua es mucho más fácil que confíen en los que están haciendo, no solo por mí, sino por el trabajo que se crea en la piscina.

¿Qué desafíos tiene en el futuro, a un largo plazo como entrenador?
No me pongo límites, estoy aprendiendo, tengo que trabajar mucho. Hay muchos entrenadores que son muy buenos, que le dedican mucho tiempo a esto.
Me gustaría ser seleccionador de cualquier selección, ojalá fuese la española, pero está David Martín, que es un fenómeno. Me gustaría también entrenar en un club ‘top’, quiero crecer mucho.
¿Cómo vivió este último mundial y que le parece la generación?
Creo que es la mejor generación española que ha habido, sin quitar mérito a la del 92-96, yo creo que la mejor es esta, porque son siete u ocho años en los que están entre los cuatro primeros en todas las competiciones.
Por desgracia, le falta esa medalla olímpica que parece que se nos resiste, pero creo que va a llegar, porque son un grupo muy hecho. Yo me emociono viéndolos y Felipe, (Felipe Perrone) uno de mis mejores amigos se retira, se va una leyenda que me emociona.

¿Y también hay una generación sub-20 que está empujando no?
Tenemos una buena sub-20 y un buen waterpolo español. Rafa Aguilar desde que dejó de ser seleccionador y pasó al área de coordinación ha hecho un trabajo increíble tanto en masculino como femenino, es de admirar.
Para finalizar, ¿qué mensaje le daría a ese caballa que comienza a introducirse en el waterpolo como usted lo hizo y que pasa por el muro cada día y ve su nombre, el de Lorena y el de Antonio?
Que sigan. Tendrán muchas caídas y tendrán que levantarse lo antes posible y reforzarse porque es lo que les va a hacer más fuertes y hacer que tengan un nivel muy alto.





