Las informaciones oficiales, escasas, escasísimas, indicaban que la colisión había sido leve. Desde otros foros, los del género tumultuoso, comunicaban que el barco se hundía. Noche de pánico. Viernes 13 en el Estrecho. Así eran las caras de terror de los allegados del pasaje que se acercaban al puerto. “Ha sido una colisión importante, pero parece que solo hay dos heridos leves”, decían lacónicos desde la Benemérita. Nadie confirmaba nada. Al silencio del barco se unía el de las autoridades.
El apagón informativo es general. Se dice que la naviera ha sugerido que se desconecten los teléfonos. Entre los familiares hay quien asegura que lo que es deficiente es la cobertura de las ondas telefónicas, superpuestas bajo unas olas, las del Estrecho, a cinco millas de la costa ceutí, que son testigos de una visión casi impúdica: los dos buques se encuentran enganchados, apareados en una obscena escena sobre el mar. “El problema es que si se desenganchan, temen que la vía de agua en la sala de máquinas se agrande y provoque la catástrofe no prevista”. Quien informa es un trabajador de Salvamento Marítimo que pulula de paisano en la Estación Marítima. Por primera vez, se atisba el naufragio en la cara de este señor que tiene a su mujer y a su hija en el barco accidentado.
Pasan los minutos y las horas, que no son sino días y años para las pocas familias que aguardan estoicos a la espera de alguna buena nueva. La Delegación del Gobierno se estrena en una noche de emergencia, la de un viernes 13 de enero. Se prevé la llegada de los pasajeros al filo de la medianoche. “De eso nada”, afirma un trabajador del puerto cuyos cálculos acaban convirtiéndose en el augur de la noche. “Si tienen que bajar al transbordador pasajero por pasajero no tardarán menos de dos o tres horas en el proceso. No vendrán más temprano de las cinco o la seis de la madrugada”.
A cada noticia que iba llegando, la contradecía la siguiente. Era la pura imagen de la desinformación. Sin palabras. La tensión estaba en saber si podrían desunirse los dos buques. “Pero no se atreven. Y si hubiera sido de día todo habría sido diferente...” El apagón informativo era interrumpido por esporádicos rumores que hablaban de escenas de pánico en el interior del barco al conocerse que entraba agua. Pero ni por ésas. Otros aseguraban que el centenar de pasajeros estaba tranquilo, jugando a las cartas. Es la noche de la incongruencia, también de la variedad del carácter humano ante la adversidad. La medianoche coincide con el reinado de la tranquilidad en el interior del barco. Al menos eso se aseguraba. Una llamada tranquilizadora proveniente del Millenium II terminó de cundir la calma. Llegarán casi de mañana. Ya es sábado. Pasó por fin el viernes 13.
La familia socialista, unida
El color político de la Estación Marítima lo ponía el secretario general del PSOE ceutí, José Antonio Carracao. “Estamos preocupados”, revelaba el líder socialista. La inquietud, además de los motivos la representación política de los ceutíes, se debía a que su compañera de partido, Milagros García, ingresaba el centenar de víctimas accidentadas en el Millenium II. Era la azarosa nota política de una noche que empezaba a hacerse interminable para los presentes, incluidos mirones y aburridos. La familia socialista se hace visible en el puerto. Por allí hacen acto de presencia Pablo Núñez y Sandra López Cantero. Y Paloma Fernández Coleto, dicen, hace de vigía desde las alturas. La escasez de información no sabe de rangos. Los jerarcas de la ciudad tampoco conocen el minuto a minuto del accidente. Los nervios afloran entre los presentes, aunque los mensajes, contradictorios, tienden a ser tranquilizadores. Pablo García, hermano de Milagros, la accidentada socialista, hace de portavoz improvisado en las dependencias del puerto. “Los pasajeros están tranquilos. Lo único que lamentamos es la escasez de información que se ha proporcionado”. La familia que reza unida permanece unida. También en el PSOE, que solícitos atienden a las preguntas de periodistas y curiosos. Ahora queda esperar a los primeros rayos del sol, que acompañarán a los casi náufragos, por fin sanos.








