25 años gobernando Ceuta. Se dice pronto, pero es difícil. Sobre la mesa han quedado épocas complicadas, tiempos tremendamente convulsos. La gestión de Juan Vivas como presidente de la Ciudad ha dejado huella. Más allá de ideologías, es justo reconocer no solo los logros alcanzados, sino la manera en la que, con coherencia y valentía, ha sabido lidiar con las grandes crisis que han sacudido históricamente nuestra ciudad.
La más difícil, la que puso a Ceuta en una situación delicada, fue, sin duda, la de aquel mayo de 2021, cuando miles y miles de personas accedieron a esta tierra aprovechando que Marruecos incumplió su deber de control de fronteras, buscando una desestabilización clara.
En esos momentos, rodeado de su equipo, Juan Vivas fue el presidente de todos los ceutíes sin excepción, miró por el interés de una Ceuta que ha llevado siempre por bandera, buscando que, en este lado del Estrecho, todos podamos vivir cada vez un poco mejor.
Esa toma enérgica de decisiones, esa entrega sin descanso para afrontar un momento tan delicado, no debe olvidarse. Que Ceuta estuviera dirigida por un presidente capaz de entender la importancia del diálogo, sensato y honrado a la hora de tomar decisiones, fue determinante para que todo aquello sea hoy solo una pesadilla.
A esa gran crisis que azotó Ceuta se sumaron otras. La financiera, pero también la pandemia, en donde se trataba de cuidar, de cuidarnos, pero también de protegernos como ciudad, como una gran familia.
Ceuta, como una piña; Ceuta, unida como sociedad que sabía que solo se tenía a ella para ser fuerte, para salir adelante, contó no con un gobierno cobarde, sino con un equipo capaz de tomar decisiones, de plantear medidas, de cuadrar números para que el daño fuera menor.
El tiempo pasa, tiende a hacer que muchos olviden esos momentos tan delicados para esta tierra. El tiempo pasa, sí, pero también pone a cada uno en su lugar y al presidente de la Ciudad lo lleva poniendo 25 años al frente del Gobierno de una Ceuta que sigue ofreciéndole su respaldo.
Juan Vivas es capaz de mantener el equilibro necesario en un discurso clave en estos tiempos. Podría mirarse el ombligo, dejarse mecer en los brazos del ego o en la obsesión política, desterrando ese modo de proceder acorde a Ceuta.
No lo hace, sabe que su obligación es lograr lo mejor para los ceutíes, conseguir que todos no solo estén orgullosos de haber nacido y de vivir en esta tierra sino también de mantener ese mismo espíritu para las posteriores generaciones, de creer en el futuro de la misma.
Frente al discurso de los derrotados, del abandono, de los que tiran por los suelos a Ceuta cada vez que pueden está la querencia de un presidente, de un hombre que ama a su tierra y que la defiende por encima de sus propios ideales políticos, que sabe poner el foco en lo que realmente es bueno para todos. Lo sabe porque entiende esta ciudad, pero sobre todo porque la ama.
25 años gobernando Ceuta es algo digno de ser remarcado. 25 años gobernando para todos sin excepción es una norma de esta tierra en la que las exclusiones nos condenan, en la que los recelos la agotan, en la que los enfrentamientos la hundirían.
“Ha sido un viaje largo, intenso y, en ocasiones, difícil, complejo; pero ha sido un viaje apasionante; apasionante porque es un privilegio servir a un pueblo que lleva en el ADN el coraje y el valor para resistir; en el corazón la convivencia; y en el alma, el amor a España”.
Palabras de Juan Vivas, palabras que deben leerse, entenderse y analizarse para entender por qué, para una tierra como Ceuta, es tan importante tener un dirigente que entienda no solo lo que se debe hacer en cada momento, sino cómo hacerlo, cómo mantenerse y cómo entender que no hay nada más noble que haber entregado la vida a que hoy Ceuta tenga una historia, un futuro prometedor y una gente capaz de sostenerla unida, sin que nadie se más que el otro, conviviendo, sin divisiones.
Esa es la Ceuta real, la que importa, la Ceuta de todos y para todos.






