Ceuta atraviesa uno de sus peores momentos, después de que Marruecos le asestara un zarpazo a España a costa de nuestra ciudad, cruzándose de brazos mientras miles de sus nacionales bordeaban el espigón del Tarajal.
Fueron 48 horas de auténtica locura, también de muertes. España ha reconocido 83. Marruecos no ha publicado la cuenta de sus propios compatriotas ahogados y aplastados entre la multitud. La luz la aporta de momento la oenegé Ca-minando Fronteras: son más de 140 los fallecidos.
La lectura de aquellos 30 y 31 de julio fue la de un país que aplicó el puro chantaje en frontera, que desatendió su deber de control y jugó con su propia sociedad. La misma cuya juventud anhela un cambio, no esconde sus mensajes contestatarios y aspira a alimentar un movimiento que permita la entrada de posibilidades y futuro para todos en su propio país.
España no ha rechistado. Todos sus ministros han alabado el papel del socio colaborador marroquí. Siguen negando que supieran algo del desastre que rompió en tragedia en el espigón del Tarajal, a pesar que se estaban publicando a diario crónicas narrando lo que se estaba cociendo y cómo en los arenales no existía vigilancia alguna, además de llegar vehículos cargados con jóvenes llegados del sur.

La campaña de marketing
Del 30-J al 15-A solo ha habido un cambio, uno de puro marketing. Marruecos llevaba días escenificando su poder en el entorno fronterizo con Ceuta, mostrando que era capaz de responder a una amenaza de movilización masiva, justificando así que lo vivido en Tarajal fue algo excepcional, inevitable e imprevisto.
La misma línea que ha repetido hasta la saciedad España. La misma que choca con la realidad escrita y con las advertencias de los servicios de información. Cualquiera que conozca el modo de proceder del país bajo la batuta de Mohamed VI sabe que es imposible que nada se supiera de lo que a diario se estaba viendo.
Este 15 de agosto, Marruecos no permitió que sus nacionales se echaran al mar, dejando un mensaje claro ante el mundo: sabe blindar su espacio fronterizo para no poner en riesgo a su propia gente. Colocó concertinas, militarizó todo el espacio fronterizo, levantó estructuras de seguridad en la frontera…
Buscó fortalecer su tesis de que la tragedia de julio ni siquiera la aventuró. Una teoría imposible de sostener en un país que conoce todo de todos, que dispone de unas estructuras de canalización de información enormes, que no falla y menos en aspectos que tengan que ver no con sus relaciones con España, sino, de manera específica, con Ceuta.

La partida jugada con las cartas ganadoras y haciendo trampas
Este 15-A, Marruecos jugó su partida sabiendo ya todas las cartas, teniendo en su poder las ganadoras. Una apuesta con trampas.
Sus nacionales no se echaron al mar, pero los cientos de subsaharianos que buscaban la entrada a Ceuta fueron el motivo perfecto para escenificar una acción de blindaje en la valla que beneficie a Europa, erigiéndose así en la figura de ese gendarme necesario.
Este 15 de agosto, Marruecos apostó a doble caballo ganador: al de vender que su gente estaba controlada y, a su vez, presentarse como país necesario para el blindaje de fronteras en la vigilancia debida a una población subsahariana que tiene como meta final alcanzar Europa.
Padre protector de su gente, padre protector de Europa. No es una imagen nueva, más bien al contrario. En septiembre de 2024 Marruecos obró de la misma manera.

Sin investigaciones y una ciudad bloqueada
Hace unas semanas, el Observatorio del Norte de Derechos Humanos en Marruecos daba con la tecla al condenar cualquier posible utilización de la migración irregular como herramienta política, diplomática o de seguridad, rechazando "de manera absoluta" la explotación de la desesperación de parte de la juventud marroquí y exigiendo una investigación independiente que permita identificar a quienes lanzaron, difundieron o favorecieron los llamamientos digitales, así como determinar posibles responsabilidades institucionales, administrativas o de seguridad.
Nadie ha anunciado una investigación, tampoco los órganos europeos han pedido que se analice qué ocurrió y hasta qué punto esa tragedia, superior en todo a la de mayo de 2021, tiene sus responsables.
Hay más de 100 muertos, demasiadas preguntas y una ciudad española bloqueada que ha tenido que soportar declaraciones contra su integridad territorial vertidas por autoridades de Marruecos, así como una falta sorprendente de mensajes por parte del Gobierno de la Nación con los que, sencillamente, se llamen a las cosas por su nombre.
Ceuta ya no será la misma tras el 30 de julio, ese quizá haya sido el mayor daño causado por la política de chantaje de Marruecos y la debilidad de un gobierno que no reaccionó ni cuándo debía ni cómo debía. El desastre en recursos, gasto o daños estructurales nunca será tan grave como el emocional y psicológico.






