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Los Zapadores y la Batalla del Ebro

Por Jesús María Guzmán Villaverde
23/01/2026 - 04:20
zapadores-batalla-ebro

Centinela Republicano. Biblioteca Nacional de España.

Imágenes cedidas

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Considerada la operación militar más larga y sangrienta de la Guerra Civil española, enfrentó a las fuerzas republicanas y nacionales en un extenso frente que abarcaba las provincias de Tarragona, Zaragoza y Teruel.

Tras intensísimos combates que se mantuvieron prácticamente sin interrupción hasta el último día, la batalla provocó un elevadísimo número de bajas en ambos bandos. Este enfrentamiento, decisivo en el desarrollo posterior de la contienda, marcó un punto de inflexión al agotar gran parte de los recursos republicanos y consolidar la iniciativa estratégica del bando nacional.

El entonces general Vicente Rojo Lluch (1894-1966), jefe de Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas y del Estado Mayor del Ejército de Tierra republicano, elaboraba un plan en el que la sorpresa desempeñaba un papel decisivo y en el que su Ejército del Ebro, compuesto por unidades de filiación comunista constituiría el eje de la ofensiva. Esta operación sería conocida posteriormente como la Batalla del Ebro.

La Batalla del Ebro se iniciaba a las 0,15 horas del día veinticinco de julio de 1938 abordando el paso del río las seis divisiones que componían los Cuerpos de Ejército V y XV por doce puntos distintos mientras que el XII Cuerpo de Ejército se mantuvo inicialmente en la reserva en la orilla izquierda, cruzando días más tarde para consolidar las posiciones y relevar a las unidades más desgastadas. La proeza del general Rojo consistió en cruzar un río sin que se detectara sus intenciones, descartando el bando nacional tal hipótesis.

El general Yagüe, jefe del Cuerpo de Ejército Marroquí con las Divisiones 13ª, 40ª, 50ª y 105ª, tenía encomendada la defensa del frente del Ebro, dividida en tres sectores sin medidas especiales de vigilancia, poco tiempo después sus unidades fueron arrolladas.

El Ejército del Ebro republicano, al mando del teniente coronel Juan Modesto Guilloto estaba organizado por los Cuerpos de Ejército V con las Divisiones 11ª, 46ª y 45ª Internacional, XII con las Divisiones 16ª, 44ª y 56ª y la XV con las Divisiones 35ª Internacional, 3ª y 42ª y apoyada por la 16ª División del XII Cuerpo de Ejército.

Esta Gran Unidad contaba con el apoyo del XVIII Cuerpo de Ejército compuesto por las Divisiones 27ª, 60ª y 43ª.

La operación del paso del rio Ebro, fue minuciosamente preparada por el Ejército Popular llevando a cabo el Mando de Ingenieros un reconocimiento de la cuenca del río, comprendiendo vados, perfiles de fondo, posibles puntos de paso con barcas, lugares donde se podrían tender los necesarios puentes, los caminos de accesos a las orillas, zonas a utilizar como sitios de concentración y de espera de las tropas, zonas de dislocación de las unidades para estar a cubierto de los observatorios enemigos y puntos de los servicios de suministros y evacuación.

El inicio de la ofensiva se aplazó 24 horas debido al retraso en la incorporación de parte de la artillería y medios de paso, que incluiría botes, pasarelas de infantería, puentes ligeros de vanguardia, puentes pesados de madera, puentes de hierro y compuertas.

El material de pasaderas y puentes estaba fabricado en los talleres de la Inspección ya que no se había podido comprar en el extranjero pero quedaba la duda en lo que se refería al material pesado.

Puente ligero (PL-10).

El material de paso constaría de 250 botes de remos, 5 pasaderas ligeras; 2 compuertas, puentes de vanguardia reglamentarios, puentes de madera y puentes de hierro, con sus características:

•Cada bote era dirigido por personal seleccionado con experiencia como remero que en un recorrido de 8 minutos permitía el paso de 8 hombres cada 10 minutos.

• Las pasarelas ligeras disponibles de 1,20 de anchura con una longitud de paso de 150 metros, reforzada con flotadores era tendida en una hora con un equipo de 30 hombres que permitía el paso de los hombres en hilera.

•Las compuertas tenían una capacidad para solo 8 toneladas, tablero montado sobre dos botes corrientes, permitiendo con ello el cruce del río a razón de media hora por viaje con la ayuda de un cable de acero tendido entre ambas orillas.

• Los puentes de vanguardia, para cargas de hasta 4.5 toneladas, se tardaba en tenderlos 12 horas, y permitía el paso una vez instalado de 60 autos y camiones por hora.

• Los puentes pesados de madera para cargas de 12 toneladas admitían el paso de tanques y de camiones pesados. Iniciaron la colocación del primero de ellos el día 25, terminándolo el día 26 al mediodía. No pudo pasar todo el material al haber sido interrumpido su montaje por la Aviación nacional y destruido la parte montada sobre las catorce horas por la crecida del río provocada al haber abierto los nacionales la presa de Camarasa.

• Los puentes de hierro, para cargas superiores a 25 toneladas requerían también de 48 a 72 horas de montaje. Su instalación era más lenta de lo que habían previsto. Todos estos puentes tenían una longitud de 150 metros de vado y cada puente llevaba el personal necesario para su transporte, tendido y entretenimiento. Contaban además con un 25 por 100 de material de repuesto para los puentes que tenían preparados.

Los movimientos de avance de las tropas a las playas de embarque, se iniciaban al anochecer del día 23, guardándose durante toda la operación las mayores precauciones para no ser descubiertos. El Ejército del Ebro terminó el 24 de julio la concentración de las tropas en los puntos de paso junto al acopio de materiales, todo perfectamente enmascarado.

Una vez iniciada la operación de paso del rio, las primeras fuerzas se situaron en la otra orilla, tendiéndose pasaderas en cuatro puntos diferentes, y otras falsas para confundir a la aviación nacional. Al finalizar el día, casi todos los efectivos de los tres Cuerpos de Ejército habían cruzado el Ebro tras 36 horas de combate, el paso fue un éxito para el Ejército Popular.

Tras tomar las posiciones estratégicas de las sierras de Cavalls y Pàndols, además de controlar la meseta de la Terra Alta, y una vez fracasado el intento de cortar las comunicaciones, Rojo se enfrentó a una decisión crucial, una defensa sobre el terreno con intención de conservar la posición mediante trincheras con una anchura de 90 centímetros, nidos de ametralladoras, pozos de tirador y obstaculos, con intención de alargar el conflicto y forzar el desgaste del adversario.

El esfuerzo de los Zapadores de ambos ejércitos fue continuo y extenuante junto a la actuación de los Pontoneros del Ejercito Popular, impecable, tanto táctica como técnicamente, considerando los medios de que disponían. Las fuerzas de Ingenieros republicanas dispusieron del apoyo de un Batallón de Pontoneros, un Batallón de Transmisiones y cinco Batallones de Obras y Fortificación además de las unidades en plantilla.

Pasadera.

Las fortificaciones nacionales eran muy simples, estableciendo una línea de vigilancia junto al río, con especial atención a los vados, con puestos reforzados y vigilancia día y noche enmascarándose con ramajes y redes rodeadas de alambradas. El Mando Nacional sabia de la ofensiva que iba a desencadenarse y no hubo sorpresa estratégica, pero si táctica en cuanto a los puntos de paso y direcciones de ataque.

Los ingenieros republicanos habían construido un frente defensivo de trincheras y posiciones de resistencia hasta el vértice Gaeta, en especial la llamada “posición Targa”, clave en la defensa del sector y una auténtica fortaleza defendida por la 3.ª División republicana.

Los ingenieros nacionales intentaron consolidar, bajo fuego enemigo, las posiciones alcanzadas sufriendo grandes pérdidas. Los atacantes quedaron detenidos ante la “posición Targa”, que el día 20 envolvieron y ocuparon en lucha cuerpo a cuerpo. El 22 cayó el vértice Gaeta, a costa de grandes pérdidas.

El cruce del Ebro por el Ejército Popular obligó al Mando Nacional a detener su ofensiva en Levante y desplegar algunas de sus grandes unidades para contener la penetración lograda por los republicanos en el Ebro, reforzando las unidades ya desplegadas en la zona. Las unidades que operaban en Levante se vieron forzadas a establecer una serie de posiciones defensivas en profundidad. Sus Ingenieros contribuyeron decisivamente a repeler al enemigo con un trabajo intenso y arduo, reforzando las posiciones atacadas.

La reacción nacional fue inmediata y el mismo día veinticinco, se ordenó el traslado del Cuerpo de Ejército del Maestrazgo al mando del general García Valiño y que contaría con la 1.ª División Navarra, la 4.ª División Navarra, y las Divisiones 74.ª, la 82.ª, la 84.ª, la 102.ª, la 150.ª y la 152.ª con el objetivo de cerrar la penetración rápidamente.

Organizándose una contraofensiva que puede dividirse en tres fases; una primera desde los días 26 de julio al 3 de agosto con el cese de la ofensiva y paso a la defensiva, una segunda fase desde los días 3 de agosto al 15 de octubre, de desgaste. Y la última y tercera fase que comprendería los días 30 de octubre al 16 de noviembre, que finalizaría con el repliegue y cruce del rio de las fuerzas del Ejército del Ebro.

Dieron comienzo los peores meses de la batalla, los de mayor desgaste de los contendientes, entre septiembre y octubre de 1938. Las bajas fueron muy cuantiosas en ambos bandos, del orden de 10.000 hombres cada uno.

La Batalla del Ebro finalizó al cruzar las últimas tropas del Ejército del Ebro por su orilla izquierda bajo el mando del teniente coronel Tagüeña el día 15 de noviembre.

La batalla del Ebro proporcionó conceptos de guerra defensiva a los observadores militares internacionales. En una acción de esas características, la infantería y el asalto directo seguían siendo los factores concluyentes para resolver el combate.

En la historiografía de la Guerra Civil Española, tanto extranjera como nacional, esta batalla ha sido estudiada en profundidad por los tratadistas modernos. En este decisivo enfrentamiento, se estima que 130.000 soldados de ambos bandos resultaron bajas, entre muertos, heridos o desaparecidos.

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